En 2024 las estadísticas oficiales confirman que las mujeres mexicanas aún cargan con la mayor parte del trabajo del hogar: dedican casi el doble o triple de horas semanales que los hombres, un resultado que tiene efectos directos en su tiempo libre, oportunidades laborales y bienestar. Los datos del INEGI muestran una mejora muy limitada en la participación masculina, pero la desigualdad en las tareas no remuneradas persiste y marca desigualdades sociales y económicas actuales.
El trabajo doméstico no remunerado sigue concentrándose en mujeres. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024 las mujeres dedicaron en promedio 30 horas semanales a labores del hogar, mientras que los hombres destinaron 12.2 horas.
Un panorama de más de una década
Si se comparan las cifras con las de 2009, la diferencia se mantiene. Hace quince años las mujeres trabajaban alrededor de 33 horas semanales en tareas domésticas frente a 11 horas por parte de los hombres. Desde entonces ha habido variaciones leves: descenso en el tiempo de las mujeres y un incremento marginal en la participación masculina.
Ese movimiento no revirtió la desigualdad: hoy la relación entre los tiempos dedicados por mujeres y hombres se ubica en torno a tres a uno, lo que refleja que la carga principal del cuidado y las labores domésticas continúa recayendo en ellas.
Datos clave
- 2024: Mujeres ≈ 30 horas/semana; Hombres ≈ 12.2 horas/semana.
- 2009: Mujeres ≈ 33 horas/semana; Hombres ≈ 11 horas/semana.
- Tendencia: Participación masculina aumenta modestamente; trabajo no remunerado femenino disminuye ligeramente, pero permanece significativo.
Estas cifras no sólo explican quién hace qué en el hogar; tienen consecuencias prácticas. El tiempo dedicado a tareas domésticas reduce disponibilidad para empleo formal, formación o descanso, y contribuye a la llamada pobreza de tiempo que afecta con mayor intensidad a las mujeres.
Implicaciones y puntos a considerar
La persistencia de esta desigualdad influye en varias dimensiones públicas y privadas:
– Mercado laboral: menos disponibilidad para jornadas largas o empleos con horarios rígidos.
– Economía doméstica: carga no remunerada que no aparece en el cálculo tradicional del trabajo productivo.
– Bienestar y salud: mayor riesgo de agotamiento y menor tiempo para autocuidado.
Políticas de cuidado accesibles, horarios laborales flexibles y una distribución más equitativa de responsabilidades en el hogar son medidas que especialistas han señalado como necesarias para equilibrar estas cargas. Sin embargo, las cifras del INEGI muestran que los cambios culturales y estructurales siguen siendo lentos.
Mientras tanto, el registro 2024 reafirma una realidad cotidiana: aunque más mujeres trabajan fuera del hogar, dentro del hogar las tareas continúan recayendo mayoritariamente sobre ellas, con efectos acumulativos en igualdad de oportunidades y calidad de vida.
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