Canadá busca cerrar un tratado comercial con el Mercosur como parte de una estrategia para reducir su dependencia económica de Estados Unidos, anunció la ministra de Relaciones Exteriores, Anita Anand, durante una visita a Brasil. El objetivo es concretar un acuerdo sustantivo lo antes posible, con la intención de concluir las negociaciones antes de que termine 2026.
La reactivación de las conversaciones entre Ottawa y el bloque sudamericano —integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay— llegó tras un repunte de tensiones comerciales a escala global en 2025. En São Paulo, Anand se reunió con su homólogo brasileño, Mauro Vieira, y confirmó que las rondas negociadoras ya suman seis, con Brasil como principal interlocutor regional.

Fuentes oficiales describen las pláticas como “avanzadas” aunque abiertas a ajustes en varios rubros. Entre los temas pendientes figuran reglas de origen, acceso a mercados y estándares sanitarios que afectarán principalmente a productos agrícolas y alimentos procesados.
El gobierno canadiense plantea que diversificar socios comerciales fortalecerá la resiliencia económica frente a medidas arancelarias externas. Anand también explicó que Ottawa tiene la intención de multiplicar sus acuerdos fuera del marco estadounidense en las próximas décadas, una señal clara de cambio estratégico.

Preocupaciones agrícolas
El posible tratado genera inquietud en el sector agropecuario de Canadá. Productores temen la competencia de importaciones más baratas y normas fitosanitarias distintas, un escenario que ya complicó la implementación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, cuyos retrasos estuvieron vinculados a reclamos similares.

- Impacto en productores: Riesgo de presión sobre precios y necesidad de ajustes regulatorios.
- Oportunidades exportadoras: Empresas canadienses podrían acceder a mercados en crecimiento en Sudamérica.
- Normas sanitarias: La armonización de requisitos será crucial para evitar disputas comerciales.
- Plazo político: La entrada en vigor dependerá de procesos de ratificación internos en cada país.
Para poner el antecedente europeo en contexto: el tratado Mercosur-UE fue firmado en enero y comenzó a aplicarse de manera provisional en mayo, a la espera de la ratificación final por parte de la Unión Europea. Ese retraso sirve de advertencia sobre la complejidad política y técnica que enfrentan acuerdos de esta magnitud.
En lo inmediato, los negociadores deben cerrar detalles técnicos y gestionar expectativas internas en los distintos sectores económicos. La gobernabilidad y la política doméstica en países miembros del Mercosur también influirán en la velocidad del proceso.
Qué seguir: nuevas rondas de negociación, posiciones finales sobre aranceles y normas sanitarias, y el calendario de ratificaciones en Ottawa y los países sudamericanos. Esos factores definirán si el ambicioso plazo fijado por Canadá es alcanzable o queda sujeto a más demoras.
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Héctor Rivas se especializa en análisis económicos y financieros. Recibirá consejos claros e información precisa sobre los mercados, las empresas y las tendencias económicas globales.