Antártida: parque eólico ahorra 122,000 galones de diésel en 15 años para McMurdo

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Di Alonso Delgado

Turbinas eólicas sobre cimentaciones en paisaje helado, con contenedores al fondo

Tras más de quince años de funcionamiento, las tres turbinas eólicas instaladas en Ross Island han reducido de forma notable la dependencia de diésel en las operaciones científicas de la Antártida. Con su retiro programado y la próxima instalación de equipos más potentes y baterías, el proyecto marca un antes y un después en la logística energética de McMurdo y Scott Base.

Un desafío técnico al límite

Construida entre 2008 y 2009 por la empresa neozelandesa Meridian Energy, la mini‑granja eólica afrontó condiciones extremas desde el diseño. El acceso a Ross Island sólo es posible al final del verano austral, por lo que todas las piezas tuvieron que caber en contenedores y diseñarse para ser montadas en ventanas de trabajo muy cortas.

Técnico con guantes trabajando cerca de una turbina eólica en ambiente frío
Diseño y montaje adaptados para condiciones extremas y ventanas de trabajo limitadas.

Las turbinas escogidas —modelos Enercon E33 de 330 kilovatios cada una— fueron adaptadas para operar con pocas piezas móviles y sin caja de cambios, una decisión que reduce fallas relacionadas con la viscosidad de lubricantes en frío y minimiza el mantenimiento en un entorno remoto. Sus estructuras se anclaron sobre bloques de hormigón prefabricado fijados en un lecho congelado preparado especialmente, una mezcla que se solidifica con el hielo y actúa como base permanente.

  • Capacidad individual: 330 kW (Enercon E33)
  • Turbinas: 3 en Ross Island
  • Período de operación: ~2009–2024/2025 (más de 15 años)
  • Ahorro de combustible: 122,000 galones ≈ 462,000 litros
  • Reducción estimada de emisiones: unas 1,200 toneladas de CO2

Impacto operativo y ambiental

El sistema ha disminuido significativamente la cantidad de combustible que debe transportarse hasta las bases estadounidenses y neozelandesas, una de las partidas más costosas en la operación polar. Cuando el viento es insuficiente —una situación poco frecuente—, los generadores diésel de respaldo siguen cubriendo la demanda.

Para la comunidad científica allí desplegada, la combinación de menores gastos logísticos y menos emisiones constituye tanto un ahorro como una oportunidad para estudiar el impacto local de cambiar la matriz energética en entornos frágiles.

Lecciones para instalaciones remotas

El proyecto demostró que con ajustes de diseño —componentes robustos, montaje modular y soluciones de cimentación adaptadas— es posible desplegar renovables en lugares donde el clima y la logística parecían imposibles. Esas lecciones son relevantes para otras operaciones en zonas aisladas o con restricciones de transporte.

Bloques de hormigón prefabricado sobre suelo helado usados como cimentación
Cimentaciones prefabricadas que se integran al lecho congelado para anclar las turbinas.

El siguiente paso: turbinas más grandes y baterías

En el marco de un acuerdo de cooperación energética entre Estados Unidos y Nueva Zelanda, las tres unidades actuales serán reemplazadas antes de 2030 por aerogeneradores de mayor potencia que contarán con un sistema de almacenamiento por baterías. Durante la temporada 2024/25 se completó la primera cimentación para una de las nuevas torres, lo que señala que el programa avanza hacia su fase de renovación.

El objetivo de la actualización es aumentar la generación renovable disponible, reducir aún más la quema de diésel y mejorar la resiliencia de la red local ante variaciones meteorológicas.

En resumen, la experiencia de Ross Island confirma que la energía eólica puede operar con éxito en condiciones polares y aporta un caso práctico para otras iniciativas que busquen autonomía energética en entornos extremos.

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