Cobertura forestal en Italia ya supera a la tierra agrícola: fenómeno no visto desde la Edad Media

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Di Alonso Delgado

Italy’s Forest Cover is Larger Than Agriculture Land for the First Time Since the Middle Ages

Por primera vez desde la Edad Media, la superficie cubierta por bosques en Italia supera a la dedicada a la agricultura, un cambio lento pero constante que altera paisajes, economías locales y patrones demográficos en las zonas montañosas del país. El dato, que se alcanzó en 2020 y fue divulgado esta semana en un informe de la Unión Nacional de Municipios y Entidades de Montaña, tiene implicaciones directas para la biodiversidad, el turismo rural y la gestión del suelo.

Los bosques ocupan hoy cerca de 60,000 millas cuadradas (aprox. 155,000 km²) de la península, una expansión mayormente concentrada en áreas montañosas que refleja la progresiva recuperación de suelos antes cultivados. Ese avance no es solo una transformación del mapa: equivale a servicios naturales que reemplazan soluciones técnicas y aportan valor económico y ambiental.

En la comuna de Marcetelli, en la provincia de Rieti, donde el 94% del territorio está cubierto por arbolado, las funciones naturales —como el secuestro de carbono, la filtración de agua y aire y la prevención de la erosión— tendrían un costo de mercado estimado en alrededor de 9.5 millones de dólares si se tuvieran que asumir con infraestructuras industriales. Ese ejemplo ilustra cómo la reforestación genera beneficios económicos no contabilizados en balances fiscales tradicionales.

Los principales efectos que destaca el informe:

  • Servicios ecosistémicos: reducción de riesgos de erosión, regulación hídrica y captura de carbono con un valor económico elevado.
  • Biodiversidad: mayor disponibilidad de hábitat para especies locales en riesgo, como osos y lobos, y para la fauna cinegética.
  • Turismo y actividades sostenibles: oportunidades para ecoturismo y aprovechamiento forestal responsable en municipios de montaña.
  • Reconfiguración rural: crecimiento poblacional en localidades forestadas tras décadas de despoblación.

El fenómeno está ligado en buena parte al éxodo urbano de las últimas dos décadas. Jóvenes migraron masivamente a las ciudades, abandonando tierras marginales y pueblos con raíces medievales; sin embargo, desde 2021 se registra un vuelco parcial: 932 municipios marcaron un saldo migratorio positivo de 10 por cada 1,000 habitantes, muchos de ellos en zonas con alta densidad forestal. Es un indicio de que vivir más cerca de la naturaleza está ganando atractivo frente a la vida agrícola tradicional.

Tres grandes regiones montañosas —los Alpes, las colinas prealpinas y los Apeninos— concentran la mayor parte del arbolado. Esas áreas, integradas por 3,598 municipios, reúnen cerca del 75% de los bosques italianos pese a albergar solo el 13.5% de la población total del país. La disparidad subraya tanto su carácter rural como el papel estratégico de las montañas en la conservación del territorio.

No todo es solo ganancia: buena parte del arbolado que ha crecido lo ha hecho sobre parcelas antes destinadas a la agricultura o al pastoreo. El informe señala que la transición responde tanto a una oferta excesiva de suelo agrario como a cambios en la demanda: menos familias optan por la vida agrícola y más ciudadanos buscan entornos naturales, productivos o recreativos. Por tanto, la pérdida de tierras cultivadas no se presenta necesariamente como una simple decadencia económica, sino como una transformación estructural del uso del suelo.

Puntos prácticos para quien piense visitar o estudiar estos ecosistemas:

  • De los cinco municipios más boscosos de Italia, dos están en la provincia de Perugia y dos en la de Udine; son buenos ejemplos para el ecoturismo.
  • Las zonas montañosas ofrecen recorridos para observar fauna autóctona y experiencias de turismo lento ligadas a antiguas rutas de peregrinación.
  • La expansión forestal abre vías para proyectos de silvicultura sostenible y economías locales basadas en la gestión responsable del bosque.

A mediano plazo, el aumento de superficie arbolada plantea decisiones clave: cómo compatibilizar la conservación con actividades económicas locales, cómo gestionar riesgos de incendios en bosques abandonados y de qué forma integrar a comunidades rurales en modelos sostenibles. El cambio ya es visible en el mapa y empieza a notarse en la vida de pueblos y ciudades; la pregunta ahora es cómo convertir este proceso en una oportunidad que beneficie tanto al medio ambiente como a las economías locales.

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