Un operativo con pequeñas aeronaves no tripuladas evitó lo que pudo haber sido una tragedia en el norte de Mozambique: durante una de las peores crecidas de las últimas décadas no se registró ninguna víctima mortal. La combinación de capacitación local y tecnología en tiempo real permitió orientar rescates y reducir riesgos tanto para la población como para los equipos de auxilio.
El caso tuvo lugar en el distrito de Marracuene, donde el río Incomáti desbordó tras semanas de lluvia intensa, y fue documentado por el Banco Africano de Desarrollo como ejemplo del potencial de la respuesta dirigida por datos.
Cómo se organizó la respuesta
En abril de 2025 el Banco, a través del fondo de cooperación Corea–África (KOAFEC), lanzó el programa de capacitación “Drone-Based Disaster Management Project” para formar a 30 funcionarios públicos en meteorología, infraestructura vial, gestión hídrica y gestión de emergencias.

Los alumnos aprendieron a pilotear drones y a operar equipos avanzados, incluida tecnología de mapeo remoto como LiDAR, y plataformas que transmiten información en tiempo real. Cuando las aguas llegaron en enero de 2026, el grupo, todavía en fase piloto, fue movilizado al terreno.
Los operadores desplegaron vuelos para detectar familias aisladas, evaluar el estado de carreteras y enviar imágenes en vivo a los equipos de campo que, de otra forma, no podían visualizar la magnitud de la inundación.
Qué resultados entregó el proyecto
El material recopilado permitió a los rescatistas tomar decisiones más seguras: la altura y profundidad del agua se midieron desde el aire, se trazaron rutas transitables y se coordinó la llegada de vehículos a zonas con corrientes y pasos anegados.

- Zero víctimas registradas entre la población afectada y los rescatistas durante la emergencia.
- Localización de familias aisladas gracias a imágenes en tiempo real.
- Mapeo de vías dañadas y trazado de pasos alternos para equipos de apoyo.
- Capacitación permanente: de los 30 graduados, 10 obtuvieron licencia para formar a nuevos operadores.
Una de las participantes, Kátia Manjate, declaró ante el equipo de prensa del Banco Africano que llegó sin experiencia previa en drones y que el programa le permitió comprender todo el flujo de trabajo: desde la captura de datos hasta su procesamiento y uso operativo.
La concejala local Márcia Moiane señaló que la iniciativa no solo representó un avance tecnológico sino un cambio en la capacidad de respuesta del gobierno local, permitiendo actuar con mayor rapidez y coordinación en emergencias futuras.
Implicaciones y próxima etapa
El caso de Marracuene ilustra dos tendencias relevantes: primero, la utilidad práctica de las herramientas aéreas no tripuladas en escenarios de desastre; segundo, la importancia de transferir habilidades a personal local para garantizar sostenibilidad.
Con los 10 nuevos instructores certificados, las autoridades esperan replicar y ampliar el programa en otras provincias, una medida con potencial para reducir mortalidad y daños materiales en un contexto de lluvias más intensas y eventos meteorológicos extremos.
Al poner sensores, transmisión en tiempo real y capacitación en manos locales, el proyecto muestra cómo la tecnología combinada con formación puede transformar la gestión de desastres y, sobre todo, salvar vidas.
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