Más de cinco décadas después de su estreno, una secuencia de El último tango en París mantiene su capacidad de escándalo y reaparece en debates sobre cómo se protege a los actores en los rodajes. La experiencia de su protagonista, relatada años más tarde, plantea preguntas vigentes sobre consentimiento, poder creativo y las secuelas personales que pueden dejar ciertos métodos de dirección.
Dirigida por el italiano Bernardo Bertolucci y estrenada en 1972, la película se convirtió en un fenómeno comercial y cultural: ganó notoriedad por su crudeza y por la presencia de Marlon Brando junto a la entonces joven francesa Maria Schneider. La trama sigue la relación anónima y sexual entre un hombre mayor y una mujer más joven en un departamento parisino, un escenario que sirvió para escenas que provocaron tanto éxito como rechazo.
La escena que marcó a la protagonista
Entre las secuencias más discutidas está la llamada “escena de la mantequilla”, en la que el personaje de Brando introduce mantequilla en un encuentro sexual. Según Schneider, ese gesto no formaba parte del guion original y no le fue explicado con antelación; ella misma describió más tarde que no dio su consentimiento para lo que se rodó y que vivió la experiencia como una agresión real en el momento.
Decadas después, en entrevistas públicas —incluida una con la BBC—, la actriz habló de la humillación y el daño que le causó aquel rodaje. Señaló que la exposición mediática y la identificación pública con ese personaje derivaron en problemas de salud mental y adicciones que afectaron su vida y su carrera.
- Año de estreno: 1972.
- Director: Bernardo Bertolucci.
- Protagonistas: Marlon Brando y Maria Schneider.
- Taquilla: recaudación notable frente a un presupuesto reducido.
- Situación clave: una escena sexual que, según la actriz, no fue comunicada ni consentida previamente.
- Consecuencias personales: problemas psicológicos y adicciones relatados por Schneider en años posteriores.
Repercusiones en la industria
El caso de Schneider se ha citado a menudo al discutir la necesidad de protocolos claros en rodaje para escenas íntimas. Hoy existe mayor sensibilidad sobre la figura del coordinador de intimidad y sobre la obligación de informar a los intérpretes sobre cualquier acción que implique contacto físico explícito o simulación de violencia.
Más allá del contexto histórico de los años 70, la discusión es relevante porque muestra cómo decisiones creativas tomadas sin explicaciones pueden tener efectos duraderos en la salud de quienes participan en una producción. Para el público contemporáneo, la película sigue siendo una pieza conflictiva: valorada por algunos por su lenguaje cinematográfico, cuestionada por otros por el modo en que se obtuvieron ciertas imágenes.
El recuerdo de la experiencia de Maria Schneider obliga a repensar la relación entre la autoridad del director y los derechos del actor, así como a evaluar qué medidas institucionales y contractuales son necesarias para prevenir abusos.
En términos de legado, El último tango en París permanece como un ejemplo doble: por un lado, un título que influyó en la historia del cine; por el otro, un antecedente que impulsó conversaciones sobre ética en el set que siguen vigentes en la actualidad.
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Sergio Mena cubre el mundo del entretenimiento con pasión. Disfrutará de críticas e entrevistas sobre películas, música, televisión y cultura popular para mantenerse al tanto de las tendencias actuales.