Cría de nutria revive tras RCP: hombre le da una segunda oportunidad

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Di Alonso Delgado

Cría de nutria revive tras RCP: hombre le da una segunda oportunidad

En una comunidad costera de Columbia Británica, la acción de vecinos y la intervención improvisada de un hombre mayor evitaron la muerte de una cría de nutria enredada en un sedal; el caso pone sobre la mesa la fragilidad de la fauna marina ante actividades humanas y cómo una respuesta rápida puede marcar la diferencia hoy. La historia, registrada por medios locales, muestra además la importancia de la coordinación entre ciudadanos y centros de rescate cuando el traslado a instalaciones especializadas implica horas de viaje.

Ocurrió en Alert Bay, un poblado insular donde un vecino alertó a Gordon Mellish, ex leñador y pescador retirado, sobre tres nutrias atrapadas en una red de pesca. Al llegar, Mellish y otros residentes liberaron a dos animales que parecían ilesos; la tercera no reaccionaba.

“Le presioné el pecho y no respondía; le cubrí hocico y nariz con la boca y le di aire”, relató Mellish en conversación con el periodista Adam Sawatsky de CTV. Aunque en su vida había practicado reanimación en personas, nunca lo había hecho con una nutria.

Una cadena de cuidados informales

Tras la reanimación inicial, la cría fue entregada a Robin Quirk, una vecina que improvisó un refugio contra el sol y las aves rapaces y le acondicionó una cama para que descansara mientras se buscaba ayuda profesional. Debido a la distancia al centro de rescate más cercano —que requería ferry y varias horas por carretera— Quirk optó por transportarla al día siguiente.

Refugio improvisado en un porche con toallas y contenedores para una cría de nutria
Refugio temporal donde la vecina acondicionó la cría antes del traslado.

En el trayecto la pequeña nutria estuvo tranquila; Quirk comparó la calma con la de un bebé que se duerme en el auto. El animal pasó luego aproximadamente una semana en rehabilitación antes de regresar a Alert Bay para su liberación.

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En el momento de soltarla, Mellish estuvo entre quienes presenciaron cómo la nutria se sumergía nuevamente en el agua y parecía mirar atrás antes de nadar. Observadores posteriores confirmaron que se reunió con su madre y sus hermanas, y que incluso respondía a la silbatina que Quirk solía usar con ella.

Qué pasó —paso a paso

  • Detección: vecino reporta nutrias enredadas.
  • Extracción: se cortan los sedales y se liberan los animales.
  • Reanimación: intervención inmediata cuando una cría no respira.
  • Cuidado temporal: refugio improvisado y traslado nocturno al día siguiente.
  • Rehabilitación: estancia de una semana en un centro especializado.
  • Suelta y seguimiento: liberación en su hábitat y observaciones posteriores que confirmaron la reintegración familiar.

La anécdota —más allá del alivio local por el desenlace— remarca dos problemas recurrentes en zonas costeras: la amenaza que suponen artes de pesca abandonadas y la distancia de muchas comunidades a instalaciones de fauna silvestre. También demuestra que el conocimiento práctico de residentes —en este caso, de rescate básico— puede ser crítico hasta que lleguen los expertos.

Manos cortando sedal y liberando a una nutria en la orilla
Extracción y reanimación: pasos iniciales tras encontrar las nutrias enredadas.

Lecciones prácticas para encuentros con fauna

  • Mantener la calma y evitar movimientos bruscos que estresen al animal.
  • No intentar alimentar ni medicar al animal sin instrucciones de un especialista.
  • Contactar a autoridades o centros de rescate locales; anotar ubicación y condición del ejemplar.
  • Si es necesario y seguro, proteger al animal del sol, depredadores y mareas mientras se espera ayuda.

Residentes como Mellish y Quirk subrayan una idea sencilla pero potente: una acción oportuna puede salvar una vida y favorecer la recuperación de una población local. Para las comunidades costeras, el caso sirve como recordatorio de que la fauna silvestre y las actividades humanas están estrechamente interconectadas y requieren medidas preventivas y recursos de respuesta más accesibles.

El desenlace positivo —una nutria de vuelta con su familia— es, en palabras de quienes participaron, la confirmación de que “vale la pena intentarlo” cuando una vida está en riesgo; y deja en evidencia la diferencia que puede hacer una comunidad atenta y dispuesta a actuar.

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