El Fondo Monetario Internacional (FMI) asegura que la economía global ha resistido mejor de lo previsto el choque energético derivado de la guerra en Medio Oriente, pero advierte que la situación sigue siendo frágil: la proyección apunta a un crecimiento cercano al 3.0% en 2026 y los riesgos se mantienen elevados. Esto importa hoy porque los precios de la energía, las tensiones fiscales y la pausa en la desinflación pueden afectar desde los precios de la gasolina hasta las tasas de interés en los próximos meses.
En una rueda de prensa reciente, la portavoz del FMI, Julie Kozack, destacó que, pese a seis meses de conflicto, la economía mundial ha mostrado cierta resiliencia. No obstante, enfatizó que los efectos del choque energético no han terminado: los niveles de precios del petróleo y gas continúan altos y presionan a las economías.
Según el organismo, varias respuestas han mitigado el impacto: la utilización de reservas estratégicas, la búsqueda de fuentes alternativas de suministro y medidas para frenar la demanda en algunos países. Aun así, la organización subraya que la recuperación de la inflación hacia niveles anteriores se ha estancado y que la deuda global sigue en aumento.
Lo esencial en corto
- Crecimiento esperado: alrededor de 3.0% para 2026, frente a un promedio del 3.5% en 2024-2025.
- Inflación: las expectativas han subido, aunque el FMI considera que están relativamente ancladas en el largo plazo.
- Riesgos: persistencia del conflicto en Medio Oriente y volatilidad en los mercados energéticos.
- Finanzas públicas: creciente presión por deuda que limita espacio para políticas fiscales expansivas.
La actualización de julio del FMI corrige ligeramente su anterior pronóstico de abril —cuando proyectaba un crecimiento de 3.1% para 2026— y recuerda que aquella estimación suponía una desescalada del conflicto a mediados de julio. En los últimos días las hostilidades se intensificaron, lo que explica la revisión a la baja y la cautela del organismo.
Para los mercados y los responsables de política económica, las consecuencias prácticas son claras: un entorno con energía cara y una desinflación atascada complica las decisiones sobre tasas de interés; a la vez, el aumento de la deuda pública reduce la capacidad de respuesta fiscal ante futuros shocks.
Entre los puntos a seguir en las próximas semanas destacan el comportamiento de los precios del crudo, la evolución de las expectativas inflacionarias y cualquier cambio en la disponibilidad de suministros energéticos. También será clave observar si los gobiernos amplían el uso de reservas estratégicas o implementan medidas de demanda más estrictas.
En conjunto, el mensaje del FMI es mixto: la economía global resiste, pero la ventana para evitar una escalada de riesgos es estrecha y dependerá de la evolución del conflicto y de las respuestas políticas a nivel internacional.
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Héctor Rivas se especializa en análisis económicos y financieros. Recibirá consejos claros e información precisa sobre los mercados, las empresas y las tendencias económicas globales.