Un equipo de científicos confirmó el hallazgo de la primera T. rex adulta registrada con una secuencia de pisadas completa, un descubrimiento que ofrece una ventana directa al movimiento de este depredador y ayuda a afinar cómo reconstruimos su comportamiento hace millones de años. La novedad, publicada esta semana en la Journal of Vertebrate Paleontology, cambia la forma en que los paleontólogos pueden estudiar la locomoción de los tiranosaurios.
El hallazgo
La pista fue localizada por Kent Hups, profesor de ciencias de preparatoria y aficionado a la paleontología, en terrenos federales administrados por el Servicio Forestal de EE. UU. cerca de Marmarth, en Dakota del Norte. Las impresiones aparecen en los sedimentos de la conocida formación Hell Creek, un yacimiento ya famoso por sus fósiles del Cretácico tardío.

Se trata de una traza de unos 7 metros de longitud (23 pies) compuesta por cuatro huellas tridáctilas. Cada pisada mide cerca de 0.9 metros (3 pies) y los investigadores estiman que fueron dejadas hace aproximadamente 66.5 millones de años.
Por qué los científicos atribuyen las huellas al tiranosaurio
La atribución a T. rex se sustenta en el tamaño extraordinario de las impresiones, la estrechez relativa de los dedos y la alta ocurrencia de restos de ese dinosaurio en los estratos circundantes. Los autores del estudio combinan esas evidencias con la morfología de las huellas para descartar otras posibles especies de gran tamaño.

“Los huesos nos dan la anatomía, las huellas nos muestran comportamiento.” Esa idea resume la importancia: una traza permite seguir el paso de un animal en el momento en que caminó por el paisaje, algo que hasta ahora era sumamente raro para un adulto de esta especie.
Qué cuentan las huellas sobre el movimiento
La secuencia muestra dos huellas izquierdas y dos derechas con una zancada estimada en unos 4 metros (13 pies). A partir de esas medidas, los científicos calcularon una velocidad de marcha aproximada entre 5.6 y 7.2 km/h (3.5–4.5 mph), es decir, un ritmo comparable al de una persona caminando con paso vivo.
Estas cifras son aproximadas: las impresiones están bastante erosionadas, por lo que los análisis conservan un margen de incertidumbre. Aun así, la traza ofrece datos raros y directos sobre la postura y la cadencia de un adulto de gran tamaño.
| Dato | Valor |
|---|---|
| Ubicación | Marmarth, Dakota del Norte (Formación Hell Creek) |
| Longitud de la traza | ~7 metros (23 pies) |
| Número de huellas | 4 (dos izquierdas, dos derechas) |
| Tamaño de cada huella | ~0.9 m (3 pies) |
| Edad estimada | ~66.5 millones de años |
| Zancada | ~4 m (13 pies) |
| Velocidad estimada | ~5.6–7.2 km/h (3.5–4.5 mph) |
| Destino previsto | Museum of Nature & Science, Denver |
Para preservar y estudiar las impresiones sin dañarlas, el equipo empleó escaneos de alta resolución y modelado digital. Los archivos 3D permiten analizar la topografía de cada huella con precisión, practicar reconstrucciones virtuales y fabricar réplicas físicas reproducibles en laboratorio. El uso de estas herramientas favorece la colaboración remota: los especialistas pudieron examinar las pistas en realidad virtual sin necesidad de estar en el yacimiento.
Tres de las impresiones están programadas para ser trasladadas en helicóptero este otoño al Denver Museum of Nature & Science, donde se completará su conservación y se compartirá el proceso con el público durante el invierno.
Kent Hups, coautor del estudio, dijo que el descubrimiento confirma cómo la curiosidad y la observación pueden abrir puertas insospechadas en la ciencia. Para él, encontrar la traza fue “como asomarse a una máquina del tiempo”: una experiencia que ahora se traducirá en materiales de investigación y exhibición.
Más allá del interés mediático, la importancia científica es concreta: una pista de adulto permite calibrar modelos biomecánicos, mejorar estimaciones de masa y energía de locomoción, y contrastar reconstrucciones esqueléticas con huellas reales. En los próximos meses, el análisis detallado de los modelos digitales y las réplicas físicas podría aportar nuevos datos sobre la postura, la distribución de peso y la forma en que se desplazaban los tiranosaurios al final del Cretácico.
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