Vocación altruista

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Por: Anabel Martínez Torres

Con 11 años de labor altruista, Luis Miguel Canché Huehuet siempre supo que servir a los demás era su mayor aspiración. Así inició sus estudios de paramédico y en 2006 ingresó a la Escuela Nacional de Técnicos en Urgencias Médicas (ENTUM) plantel Cruz Roja Campeche, de donde egresó al año siguiente para integrarse como voluntario de la institución sin saber que su pasión por preservar la vida humana lo pondría como ejemplo de generaciones futuras.
Conocido entre sus compañeros como quien “se la vive en la delegación Cruz Roja Campeche”, Luis Miguel divide su tiempo de servicio voluntario los fines de semana con la responsabilidad de formar nuevas generaciones de la Escuela Nacional de Técnicos en Urgencias Médicas, donde se desarrolla como director, sin embargo, entre los pasillos es otro voluntario más dispuesto a dar su vida por la de quienes enfrentan alguna emergencia.
“Ya casi cumplo 11 años como paramédico, mi gran proyecto de vida que inicié por superación personal, pero más que nada, en atención a un llamado humanitario que desde pequeño tuve; así fui creciendo y buscando una institución que llenara esta necesidad y la única que ha llenado mis expectativas es la Cruz Roja por ser una institución noble, altruista, con valores y principios donde he tenido las mejores alegrías de mi vida”.
Como paramédico inicia su jornada de guardia los viernes a las 10 de la noche y termina los lunes a las 7 de la mañana atendiendo todas las emergencias que surgen como paramédico titular u operador, y junto con su compañero de unidad se mantienen alertas ante cualquier llamado de emergencia.
“Esta labor es compleja, algunos piensan que por ser voluntario no es un trabajo y otros más que estamos locos por sacrificar tanto tiempo, lo cierto es que en cada uno de nosotros existe la fuerza de voluntad de servir a los demás sin recibir nada a cambio. El saber que pudimos salvarle la vida a alguien al momento de un accidente carretero, por ejemplo, o rescatar a una persona de un incidente laboral es algo invaluable que agradecemos cada día y que con cada llamada nuestros esfuerzos se centran en poder llegar a tiempo”.
Pero ser paramédico no es tarea fácil, pues con una simple llamada de emergencia todo queda en contra ya sea por el tráfico, los peatones, todo se vuelve una carrera contra reloj, esto sin tomar en cuenta el temple que cada socorrista adopta para ser la fortaleza de quien lo necesita, mantener la calma ante cualquier siniestro y cumplir con su principal labor: preservar la vida humana.
“Hay muchas emociones encontradas con cada eventualidad, los accidentes no conocen edad, sexo, ni condición económica, hay que ser fuertes. Podemos atender desde contusiones leves provocadas por alguna imprudencia, hasta escenarios desgarradores como un accidente fatal: un niño ahogado, un jefe de familia con un infarto y ver a sus hijos caer en desesperación e impotencia para ayudarlo; adultos mayores que por su condición de salud sufren accidentes pese a los mejores cuidados en casa, o todo lo contrario, personas que dada su condición de abandono tienen que sufrir en soledad los peores desenlaces”.
Pese a que en su formación académica se les enseña a modular este tipo de sentimientos para mantenerse serenos y actuar con eficacia ante la emergencia, Luis Miguel Canché Huehuet advierte que no siempre es fácil, sobre todo cuando algunos de los socorridos están envueltos en acusaciones que dificulta su quehacer ante el sentir de los implicados en el lugar.
“Nos hemos encontrado con casos de menores apuñalados por su padre, niños violados por sus propios familiares y éstos han sido atacados al momento de descubrirlos, son situaciones complicadas en las que te puedes encontrar porque muchas veces las personas no entienden que tu trabajo es preservar la vida sin importar lo que haya pasado, si el riesgo de muerte está sobre la persona que es o no culpable de lo que se le acusa, serán las autoridades quienes lo decidan, nuestra misión será siempre privilegiar la vida.
“Nosotros no hacemos ninguna distinción de credo, raza, ideología política, sexo o condición social, la atención de la Cruz Roja es para todo ser humano”.
Además de sus funciones como director de la ENTUM plantel Campeche, desde 2014 Luis Miguel también está a cargo de la Coordinación Estatal de Socorro de la Cruz Roja Mexicana, por lo que su permanencia en la institución no conoce días de descanso ni horarios, trabaja en temas académicos principalmente los sábados y contribuye con los demás socorristas en las labores de emergencia.
Actualmente la escuela tiene tres generaciones egresadas y una en curso de Técnicos en Urgencias Médicas como unidad formadora de atención prehospitalaria.
“La Cruz Roja Mexicana no solo es salvar vidas, atender emergencias, ambulancias, va más allá del altruismo al trabajar en áreas de coordinación como Servicios Asistenciales donde atendemos a las personas más vulnerables de la sociedad, así como la Coordinación de Capacitación que se encarga de mantener actualizados a sus voluntarios que dentro de sus directrices incluye capacitar a la población civil en primeros auxilios”.
De acuerdo con su experiencia de vida, todos los jóvenes deberían prestar algún tipo de servicio a la comunidad para fortalecer sus valores y apreciar las ventajas que gracias a sus padres o entorno familiar les rodean, “pues sí, porque estar al frente de una labor humanitaria se aprende mucho en la vida y enseña lo afortunados que somos.
“En la Cruz Roja tenemos voluntarios que prestan sus servicios los fines de semana o en sus días libres afirmando sentir una sola satisfacción: servir a los demás. Con el hecho de recibir un agradecimiento, un apretón de manos, la sonrisa de una persona que realmente necesitó de tu apoyo y que pudiste ser ese eslabón para mejorar su día con tu atención médica, eficaz y eficiente, nos llena de mucha satisfacción. El hecho de “yo” poder servir a un ciudadano me confirma que llegué al mejor lugar, en el tiempo indicado”.