Vocación y entrega a la educación

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Por: Noemí Heredia Bernés

Originaria de Hecelchakán e hija de los maestros don Miguel Ruiz Perera y doña María de la Luz Ortega de Ruiz, la doctora Martha Luz Ruiz Ortega es claro ejemplo de vocación y entrega a la educación en el Estado, una travesía la que ha dedicado más de 43 años de su vida.

¿Cómo decide ser maestra?
Tengo más de 42 años de ejercer la docencia. Fui egresada del Centro Regional de Educación Normal en Bacalar, Quintana Roo, en 1974, pues en ese entonces no existía el bachillerato y de la secundaria ingresábamos directo a la Normal. Debo confesar que en un principio ser maestra no era mi primera opción, yo quería estudiar Medicina, pero mi mamá, profesora de toda una vida –más de 50 años– muy inteligentemente me dijo: “Presenta el examen para la Normal, demuéstrame que puedes”, y así lo hice. Al darse a conocer los resultados del examen quedo en el segundo lugar en mejor promedio y recibo la oportunidad de cursar la carrera becada.
Animada por mi madre decido tomar la beca y en el primer año descubro que sí me gusta la docencia y de ahí no paré de estudiar y prepararme cada día más y mejor, actualmente tengo tres licenciaturas, dos maestrías y dos doctorados.

¿Qué opina de la reforma educativa?
La clave es que cada quien asuma el rol que le corresponde. Yo fui formadora de maestros, pues trabajé en la Normal Preescolar y Normal Primaria del Instituto Campechano, más de 15 años, 16 años en la Norma Rural “Justo Sierra Méndez” de Hecelchakán y 19 años en la Secretaría de Educación, en la Dirección de Formación y Actualización Docente, por lo que puedo decir que conozco bien todas las responsabilidades y retos que afrontan los maestros, pero también sé que cuando hay esfuerzo y amor a la vocación, la recompensa llega y para eso son las evaluaciones.

¿Qué responsabilidades tiene un maestro?
Ante todo tener bien en claro su vocación, pues es algo que viví muy de cerca como maestra en la Normal Rural de Hecelchakán, es que muchos alumnos entran sólo por tener una profesión y salir adelante económicamente, a pesar de que no es lo suyo. Yo creo que esa falta de vocación, a la larga afectó a la educación.
Por ello, en el Instituto Pedagógico Campechano, desde su creación en 2007, promovemos que en los alumnos y profesionistas que cursan posgrados que, como maestro identifiquen y fomenten sus competencias, primero para la docencia y segundo en las áreas que se destaca, ya que si uno no se conoce como maestro ¿qué podremos aportar a los alumnos?.
Esto de las competencias es algo que antes se conocía como ética profesional, como amor a la docencia.

¿Qué aconseja a los futuros maestros?
Que tengan muchas habilidades intelectuales, porque el que no sabe leer y comprender lo que lee, no analiza ni reflexiona. Eso es algo que infundimos en los alumnos del Instituto Pedagógico Campechano a través de nuestro modelo “JACAR”, que significa: Jugar, Aprender, Comprender, Analizar y Reflexionar.

¿Cuál ha sido su mayor satisfacción?
Encontrarme a mis ex alumnos y verles felices en su profesión. Algunos incluso son directores de escuelas y maestros reconocidos que me recuerdan y dicen: “¡Maestra, usted me dio clases!”