Vivir el arte

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Guadalupe Herrera Romero

Por: Noemí Heredia Bernés

Polifacética amante de las artes, Guadalupe Herrera Romero, la maestra Lupita, es actualmente una de las figuras conocidas del medio artístico local.

¿En qué momento entra el arte en su vida?
De niña viví en el Distrito Federal en un departamento, en el primer piso del edificio y me la pasaba siempre mirando por la venta y mirando la tele, pues no había tanta libertad de salir a las calles a jugar, por lo que en la escuela era muy inquieta. Tenía 6 años, y le recomiendan a mi mamá inscribirme en actividades extraescolares y empiezo a estudiar danza, en la que canalizo mi energía y el ser extrovertida.
Pero es en la secundaria, cuando el encuentro con mi vocación primaria, mi gran amor, el teatro. Al pasar por el auditorio de la escuela escuché algo y entré a gatas para asomarme por las butacas y aún recuerdo, era una chica que ensayaba un monólogo. Ahí fue donde descubrí mi pasión, fue amor a primera vista. Dejé la danza e ingresé al Taller de Teatro “Mariano Azuela”, que impartía el maestro Arturo Paulet, cuando en una clase nos invitan a ver una obra y me encuentro con “El diluvio que viene”, montada por el grupo de teatro independiente “Shalom”. Yo tenía apenas 13 años, y al final de la función sin pensar entré tras bastidores a felicitarlos y les dije “Yo quiero estar aquí” y me tomaron la palabra y me invitaron a participar desde el día
siguiente, recuerdo que llegué y le dije a mi mamá, ella no entendía ni qué pero ya tenía lo que necesitaba en la mano.

¿Cómo llega a Campeche?
Mi madre es campechana, doña Guadalupe Romero Trejo, y es cuando fallece mi padre, José Herrera Hernández, a quien por cierto debo en mucho de mi vena artística, pues él fue cantante y llegó a cantar boleros en la XEW, que venimos a radicar a Campeche, en 1997. Aquí me caso en 1998, y con mi marido acuerdo estudiar una licenciatura y es que me encuentro con la Escuela de Educación Artística del Instituto Campechano, de la que gradué y surge el momento de incursionar en la música, otro aspecto del arte que me fascina, pues actualmente soy integrante del grupo Décadas.
Después retomo el teatro de la mano de la maestra Rosa María Lara Rullán y personifico a “Rosa”, en la puesta en escena “Adorables Enemigas”, y aunado a mi pasión por el teatro llega la oportunidad de trabajar en lo que me gusta, como hasta la fecha, con la propuesta de la Secult en el 2009, de sumarme a la plantilla laboral del Centro de Cultura Infantil y Juvenil “La Chácara”.

¿Qué satisfacciones le ha dado el arte?
En el 2010, ganar en conjunto con el psicólogo Tomás Sánchez Carrillo, el Premio a la Educación Artística que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes, con un proyecto para trabajar con chicos con síndrome de Down; ser distinguida en los últimos años por el Parque Xcaret como tallerista representante de Campeche, a través de la Secult. Y en teatro, ganar una mención honorífica y un primer lugar en los Juegos Forales Nacionales “Ricardo Flores Magón”, la primera por la obra “Híjole” y el segundo por “El Atascadero”, ambas de Tomás Urtusástegui. Lo principal han sido los frutos del trabajo. que realizo al enseñar a la gente, de todas las edades, pues a través del arte he tenido el privilegio de tocar vidas y crecer como ser humano.