Una mujer de trabajo y tradición

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Por Noemí Heredia Bernés

Ejemplo de constancia y trabajo, pero sobre todo amor a la vida es doña Filomena Baas Estrella, una de las locatarias activas más antiguas del tradicional Mercado Municipal de San Román.

¿Cuánto tiempo se ha dedicado a la venta en el mercadito de San Román?
Ya son más de 40 años, y aún sigo activa. Mi hermanita inició con el puesto y luego me lo traspasó. Actualmente, tengo 78 años de edad, soy campechana a mucho orgullo, vecina de la avenida Gobernadores, pero también de San Román, porque aquí paso más de la mitad de mi vida, cada día, y esto me ha dado de comer y me ha permitido sacar adelante a mis hijos.

¿Cree usted que los mercados tradicionales podrían desaparecer?
No, los mercados tradicionales como este son el corazón del barrio, y los considero muy importantes para la ciudad, somos parte de la historias. Eso por un lado, y por el otro, porque jamás será lo mismo lo que la gente puede comprar en un mercado local, que aquello que encuentra en los súper mercados. Aquí tenemos varios súperes cerca. Ellos compiten con nosotros en precios, pues nosotros nos surtimos en segunda vuelta, es decir, de los abastecedores que llegan al mercado principal. Sin embargo, creo que “el sol sale para todos”, hay para todos, nuestros marchantes siguen llegando.
Además, aquí no Atenemos problemas de estacionamiento y sobre todo son productos frescos, muchos del campo local, no están refrigerados ni crecidos con químicos y esas cosas.

¿Qué ofrecen los mercados tradicionales?
Pienso que la confianza que les da consumir productos locales. La gente viene porque lo que vendemos está fresco y se produce en el campo local o regional, nada se mantiene congelado y se vende después. Les doy el ejemplo de los que venden el pollo, todo lo que ofrecen es para la venta del día, nada se queda para el día siguiente. Incluso han diversificado sus productos y ofrecen ya las pechugas marinadas, paté y rollos de carne molida de pollo, y muchas maneras de más de expender sus productos y que le facilitan mucho la labor a las amas de casa.

¿Qué le ha mantenido aquí todos estos años?
Como le dije, aquí he pasado más de la mitad de mi vida. He vivido los huracanes como aquél, el “Gilberto” en 1988, recuerdo que todo el techo se nos voló. En fin, me ha tocado ver pasar los años, las remodelaciones y al paso del tiempo de alguna manera todos somos ya una comunidad, locatarios y marchantes. Llevo aquí más de 40 años y me siento activa, y así es la vida que transcurre aquí, porque la gente viene y encuentra de todo, desde la carne y las legumbres para el guiso del día, hasta los antojitos regionales como las tortas de lechón y panuchitos, hay zapatero, se vende ropa, frutas, abarrotes, en fin somos un centro de abasto vivo y muy activo.