Todos somos arte

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Bernabé Rosado López

Por: Noemí Heredia Bernés

La arquitectura lo llevó a incursionar en las artes plásticas y la sonrisa de los niños a la enseñanza. Así, Bernabé Antonio López Rosado se ha formado como artista y maestro, vocación que asegura es para toda la vida.

¿Cómo descubre su pasión por las artes plásticas?
Fue en la primaria, a los 7 años, cuando gané un concurso de dibujo y pintura. Recuerdo que pinté un baluarte y para ello pedí que me llevaran a conocer uno, no sólo por fuera sino también por dentro, y ahí observé una maqueta de la ciudad amurallada, las formas, la estructura a escala de los edificios; me llevó a sentir curiosidad por el dibujo y finalmente en la arquitectura.
Después, precisamente cuando estudiaba la carrera, me invitaron a pertenecer a un ballet folclórico y por azares del destino me piden montar un baile en una escuela primaria, donde la maestra que impartía a los niños la materia de Dibujo Técnico me pide suplirla por un día, y pues les gustó mi manera de enseñar y me quedé como maestro.
Es así como encuentro lo que me gusta hacer. Dejé las clases de danza y de arquitectura para dedicarme cien por ciento a prepárame como artista plástico y visual, y a enseñar como lo hago hasta el día de hoy en el Centro de Cultura Infantil y Juvenil “La Chácara”.

¿Todos pueden crear arte?
Definitivamente sí, yo creo que no hay buenos ni malos estudiantes, sobre todo cuando se trata de los niños porque son como “esponjitas”, todo lo absorben, así que es el maestro el que pone el nivel.
Incluso, si algo agradezco de mi trabajo con niños es que ellos son mis grandes maestros, cada experiencia de enseñanza es un enorme aprendizaje para mí, y como repito, todos los seres humanos somos arte y somos capaces de trasmitirlo.

Como maestro de arte, ¿qué has aprendido?
Mucho, pero en particular tengo presente la ocasión que trabajé con niños con déficit de atención, síndrome de Down, y de Asperberg. Recuerdo cuando uno de ellos, un niño con Asperberg me pregunta: “¿Maestro a qué sabe el rojo? Y yo le trato de explicar que a una sandía… y le devuelvo la pregunta: ¿Por qué me preguntas eso? Y que él me responde: “Ay, es que ya probé el color amarillo y no me gustó”.
Esto me llevó a reflexionar que ellos tienen capacidad de sentir, saborear, oler e incluso escuchar los colores. Definitivamente más que enseñarles, mis alumnos me han hecho crecer como ser humano, como maestro y artista.

¿A quien admira?
Me gustan muchos artistas de plástica universal, pero en especial Claude Monet, cuyo estilo impresionista es similar al que es capaz de realizar un niño, pues ellos dibujan su mundo con pinceladas de una manera tan natural que a los maestros solo nos corresponde guiarles y admirar”.