La historia desde el mar

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Por: América E. García Méndez

Platíquenos de su llegada a Campeche…
Llegué en el 2001, ese año sucedió lo de las torres gemelas. Hubo un cambio de paradigma en la mentalidad de todos…se nos movió el piso. Empezamos a cuestionarnos muchas cosas, qué queríamos para nuestra vida. No sabíamos a ciencia cierta qué iba a pasar. Decidí pedirle en ese entonces al doctor Antonio Benavides… éramos amigos por mi familia
¿Qué influyó en la decisión de dedicarse a la arqueología subacuática?
Desde adolescente tuve la oportunidad de participar en exploraciones, convivir con arqueólogos de renombre en esa época. Por un lado influyó la familia paterna ¡eran arqueólogos a morir! E iban a cualquier lugar de vacaciones menos al que tuviese infraestructura. Es decir, a la Selva Lacandona, a la Riviera Maya, antes de que tuviese hoteles, todo lo que fuese contacto con culturas indígenas y esas eran nuestras vacaciones. Por supuesto las zonas arqueológicas estaban incluidas. Yo recuerdo haber caminado con toda la familia Bonampak 30 kilómetros, a los 8 años. Recuerdo haber entrado a la tumba de Pakal con mi padre. Así desde chiquita dije: quiero ser arqueóloga.
¿Cómo fue el contacto con los arqueólogos Chan-Barba?
Después tuve contacto con Román Piña Chan y con Beatriz Barba, prima hermana de mi abuelo, entonces me acogieron. Cuando entro a la Enah (Escuela Nacional de Antropología e Historia) me facilitan muchas cuestiones de índole académica y voy aprendiendo de la escuela y los conocimientos de ellos porque pude tomar muchas clases en su casa. Don Román daba clases los sábados. La doctora Beatriz siempre dio religión, cultura de Europa, Asia…muy impresionante su bagaje.
Cuando se da el cambio a Campeche yo le dije a mi tío que ya no quiero vivir en la Ciudad de México, siempre me había gustado la Península, la Cultura Maya y él me dijo: “Ahí está mi casa”. Me facilitó todo. Agarré mi maleta, a mi perro, y vine a vivir a su casa en San Román. Ahí estuve años cuidándola su casa hasta que la vendió.
¿Cuáles fueron los primeros trabajos en Campeche?
Empiezo con el proyecto Jaina con Antonio Benavides. Me encantó porque literalmente. Yo vivía en un municipio Atizapán de Zaragoza, con vacas ¡otra vida! Luego me fui a la ciudad (de México) no me agrada, estuve 7 años en la Coordinación Nacional de Arqueología, vengo a Campeche (el Campeche de antes) cerraban los negocios desde las 2 hasta las 6 de la tarde, no había una sola cafetería y los domingos no abrían nada. Campeche es una lección de vida. He vivido ese desarrollo después de los 90 y me gusta mucho. Dos años después de estar en los proyectos de Antonio, estuve trabajando en Edzná, en Los Chenes, y por una cuestión administrativa se quedan sin presupuesto. Se reúnen con Pilar Luna en una cena porque son compañeros de generación y ahí se dieron las cosas. Ella ya me conocía y sabía que me gustaba la subacuática…empiezo en el 2003, hablo con ella y hablamos de un proyecto de ubicar sitios, aprovechando que vivía en Campeche y sabía bucear.

¿Alguna vez imaginó encontrar cerca de 395 sitios de hundimientos de barcos que relataban parte de la historia de Campeche?
¡No! Los únicos sitios que se habían registrado antes del 2000 estaban en la Sonda de Campeche: Cayo Nuevo, Triángulos, Arenas, Arcas y Alacranes.
¿Cómo fue ese golpe de suerte?
Gracias a la apertura y trato con los pescadores.