Exitosa soñadora

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Por: Anabel Martínez Torres

Profesionista, estilista y madre de familia, Yudith Yong García ha sabido equilibrar el éxito con la vida familiar y personal. Dueña de su propio negocio y madre de un pequeño que se ha convertido en la fuente de sus mejores aventuras, nunca ha perdido de vista sus metas personales. Persiguiendo sus sueños desde un esquema de emprendimiento comparte con los demás su estilo de vida desde el mundo de la belleza, invitando a más mujeres a no renunciar a sus sueños y a trabajar por ellos.

¿Ser estilista es un sueño que perseguiste siempre?
Yo quería ser estilista desde que tenía 15 años, a esa edad supe que quería dedicarme a esto. Para ese entonces no sabía nada de lo que implica tener un negocio y las responsabilidades de ser adulta, pero al menos esta parte ya la tenía clara… mis papás no. Como todos, preocupados por mi futuro me pidieron que termine la secundaria, la prepa, la carrera y así me titulé como Licenciada en Administración de Empresas con una especialidad en el área de comercialización, y mientras los demás esperaban que la idea se haya disipado con el tiempo, yo alistaba mis papeles para estudiar ahora sí, estilismo y al correr de los años sigo pensando que ha sido la mejor decisión que he tenido en mi vida.

De soñadora a emprendedora ¿Cómo lo hiciste?
Con el apoyo de mi familia, siempre supe que si mis padres habían dado su mayor esfuerzo para educarme debía ser reciproca. Por eso pensé en una licenciatura que pudiera desempeñar de la mano con mis aspiraciones personales y, si bien, de manera superficial todos pensarían que no tiene nada que ver una cosa con otra, es gracias a esta formación que he podido consolidar mi salón de belleza en lo que es, servicio integral y boutique. Respeto mucho a las personas que trabajan en el área de oficina pero no creo que ese mundo sea para todos, y no quiere decir que afuera se trabaje más o menos que ahí, simplemente se trata de hacer las cosas que te hagan feliz.

¿Por qué decidir por un oficio a una profesión? ¿Es difícil lidiar con la presión social?
Presión social hay en todos lados, tienes novio te presionan para que te cases; te casas, te presionan para tener hijos; es un ejemplo pero aplica a cualquier situación que quieras en tu vida diaria pero creo que fui muy afortunada de nacer en la familia que nací. En vez de reclamar o menospreciar mis decisiones siempre las han alentado, empecé con un espejito reciclado en la sala de mi madre y una silla de oficina y sí, algunos amigos y familiares llegaron a cuestionar por qué “conformarme”, ahora les he podido demostrar que quedarme en una dependencia era conformarme.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
Conocer gente, mi trabajo nunca es monótono por eso lo disfruto mucho. Ayudas a muchas personas de forma inconsciente desde lo más básico como un corte de cabello, las escuchas, te escuchan. Somos parte importante de alguna conmemoración especial aunque no nos inviten, desde la que sospecha que le pedirán matrimonio, la que se prepara para sorprender a alguien especial, la que quiere consentirse o quiere sentirse más segura para buscar empleo o pedir un ascenso. ¡No acabaría de contarte! Pero sí, me encanta mi trabajo y más cuando podemos ayudar a causas como el cáncer, por ejemplo, con la recolección de trenzas para fabricar pelucas, es mágico.

¿Cuál es tu mayor motivación?
Es una pregunta muy difícil para mí pero creo que sería la libertad creativa que me da ser estilista, volvemos al mismo ejemplo del corte de cabello, quizá para otras personas sea un cliente más, para mí es la oportunidad de hacer algo que haga sentir mucho mejor a una persona. La libertad que me da para ser yo misma y disfrutar con mis seres queridos.

¿Les recomendarías a otros jóvenes emprender? ¿Por qué?
Siempre la libertad es recomendable, a las chicas y chicos que están iniciando les digo que no se desanimen, pero hay días buenos, malos, pero que de uno depende que las cosas mejoren. No hay nada como la libertad, pero eso sí, si quieres ganar más hay que trabajar más, estar consientes que no hay un sueldo fijo y prestaciones de ley que a veces atan a un escritorio, pero no tenemos límites, podemos lograr lo que queramos. Los únicos límites son los que están en nuestros miedos y ese sería el gran monstruo a vencer.