El poder de la imagen

151
“Uno se convierte en fotógrafo cuando ha superado las preocupaciones del aprendizaje y en sus manos la cámara se convierte en una extensión de uno mismo. Entonces comienza la creatividad”. (Carl Mydans).

Miguel Márquez Murguía
*Pinta profesionalmente desde los 13 años
*Colabora con revistas de talla internacional como Vogue y Elle
*Es uno de los 4 fotógrafos que ha trabajado con la revista Vogue

Mima, como es conocido de todos en el ámbito profesional y personal, se ha desarrollado en las artes visuales desde muy joven, su talento lo ha llevado a participar en revistas de reconocimiento mundial. Miguel Márquez Murguía cuenta a Novedades de Campeche cómo ha sido su camino profesional.

¿Cómo llega Mima a lo que es hoy?
Yo estudié arquitectura y en esta misma carrera, tuve la oportunidad de descubrir otras artes. Aunque yo de por sí desde que tenía 6 años ya había comenzado a pintar, actividad que ya realizaba profesionalmente a los 13 años. En el ejercicio de la Arquitectura, descubrí la fotografía, ayudando a fotógrafos campechanos a armar conceptos. Compré una cámara, tomé cursos y entonces se convirtió en mi oficio y forma de vivir.

Y ¿qué te ha dado la fotografía?
Muchas satisfacciones. Tras iniciar en el camino de la fotografía, vinieron saltos muy grandes, porque al dedicarme esencialmente a la fotografía de moda, comienzo a trabajar con diseñadores de varias partes del país. Trabajé en Vogue, lo cual me abrió muchas puertas con diseñadores del Centro del país: luego, tuve la oportunidad de trabajar en Elle magazine, con los ganadores de Elle México Diseña.

¿Cómo es tu estilo?
Pues yo lo considero abstracto, trabajo con conceptos abstractos en cuestión de moda. Pudieran incluso llamarme “antifashion”, pues en lugar de buscar que las modelos hagan poses de diva, mi trabajo es crear, hacer que personas stándard manejen un lenguaje personal, que exprese sentimientos, que haya un contenido real, que cuando la gente vea el producto diga: “lo quiero comprar porque se me va a ver así”.

¿En qué te inspiras?
Bueno, he de comentarte que en mi paso por la pintura uno de mis maestros y que siempre he tenido mucho apoyo es Emmanuel Segovia. Con él aprendí a desarrollar mis pinturas y hacer un viaje muy bonito a través de ellas. Puedo definir que mi trabajo es onírico, es decir, a través de los sueños, que se pueden interpretar. Pero mi pasión, definitivamente es el retrato.

Y en el retrato ¿qué has encontrado?
Un don, porque es lo que creo que tengo, al fotografiar a gente “ordinaria” hasta hacerla extraordinaria. Es un proceso donde manejo emociones. El estilismo se me da de manera natural, por ejemplo, te veo y ya tengo en mente qué te vas a poner y qué es lo que te queda. Me gusta que al mostrar las fotos digan: ¡woow! Ésta soy yo. Y yo decir: Eres tú a mi mirada, como yo te veo o te imagino.

¿Cómo es que llegas a Vogue y a Elle?
Una amiga con la que viajé me presento a un director de Vogue, quien me dijo que ya estaba cansado de lo mismo, entonces vio mi trabajo y me dice: “Te necesitamos”. Para mí es un orgullo trabajar con ellos, solo 4 fotógrafos del sureste hemos trabajado con ellos.

¿De qué trata la fotografía introspectiva?
Tengo un estudio de retrato, donde realizamos fine art (rama de la foto con movimientos, luces, sombras), blanco y negro, fotografía instropectiva, es decir, llegan personas en situaciones vulnerables, estamos solos en un cuarto. Yo cuento una parte muy íntima de mi vida para poder detonar las emociones del cliente. Entonces, la gente empezó a ir conmigo a recibir una “terapia” sin ser psicólogo, ni quiero suplir eso. Lo que pasa es que surge el poder de la imagen, de hablar, ayuda en el autoestima. Trabajamos con emociones y los resultados son maravillosos. De hecho por este proyecto es que llegué a Vogue México.