Blancas, escultora de sueños

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Por José May

Mujer de carácter, disciplina, fortaleza y al mismo tiempo sensible a su entorno, lo que refleja en cada uno de los espacios culturales nacionales e internacionales donde ha expuesto sus obras. Así es como se describe la escultora Erika Ivonne Blancas Flores.
De origen mexiquense pero campechana de adopción desde que llegó a estas tierras atraída por la armonía, la tranquilidad y la seguridad de la ciudad capital, la artista visual hizo un recuento desde sus comienzos en el arte plástico y la trayectoria recorrida a la fecha.

¿Cómo inicia el interés por la escultura?
Estaba en la Academia de San Carlos y estudiaba dibujo de figura humana, que era una de las primeras materias que era prueba para continuar y al mismo tiempo llevaba anatomía artística con el maestro Ermilo Castañeda, y bueno, era la cuestión de modelar algunas piezas del estilo prehispánico y que tomábamos como modelo y de pronto –recuerdo–, en la parte de arriba estaba un maestro que daba clases de tallado de piedra y en el primer piso el maestro Moyao daba el taller de metales. Me llamó la atención porque curiosamente siempre veía la obra “La Giganta” de José Luis Cuevas, que se encuentra en contra esquina justamente de la Academia de San Carlos y de ahí empezó mi interés por preguntarle cosas al maestro Moyao, quien me dijo que en esa obra él contribuyó y que lo que observaba era la maqueta.
Luego un día me voy con el maestro Bermudes, a quien le apodaban el diablo, y me invitan a su taller donde se realizaba un Morelos de alrededor de 12 metros de altura; ahí tuve mayor mi interés.

¿De ahí, qué sucede?
Fue cuando empiezo a picar zapatos, que era hacer toda la parte de resina, pues no había mujeres escultoras sino que eran puros hombres, y que bueno aún son muy pocas mujeres escultoras en el país. Fue cuando en ese taller estaban trabajando personajes como Salvador Hernández y el maestro Bermudes, quien nos abrió las puertas de su estudio, y pasaron los años y de ahí fue que me invitaron a esculpir a Winipe, Canadá, pero teniendo como material nieve.
Cuando eso tenía 23 años y el hecho de representar a México, pero además conocer otra nación, pues nunca había salido del país, y que iba a conocer la nieve, un elemento muy diferente a lo que yo había visto y trabajado, me catapultó, pues me di cuenta que a través de la escultura podía conocer otras culturas y otros materiales, me cautivaron, además de que me gustaba viajar.

¿Cuándo empiezas a trabajar de manera profesional?
En 1997 es cuando ingreso a la Academia de San Carlos, pero con el transcurso del tiempo y a la fecha ha habido rachas fuertes de meterme de lleno a los simposios de escultura y después de 7 años que empecé a participar en ellos y asistir a Winipe, en el 2003, empecé fuerte en este arte y comencé a viajar por el mundo haciendo obras, y cada vez fui aprendiendo de lo que hacían otros artistas del mundo y otros colegas, una de las maneras como crece uno en este arte, y de ahí te das cuentas cuáles son tus alcances. Pero cuando tu obra ya te la piden y cuando formas parte de los participantes de un parque como el Bicentenario de Toluca, Estado de México, donde se reunió a exponentes de 46 países, cada uno con su obra, y piden la tuya, y que el presidente de la República, Enrique Peña Nieto va a inaugurar para contribuir con ese parque temático, llena de orgullo.
Entonces creo que uno es profesional cuando hay un respeto de ti mismo hacia lo que estás haciendo, pese a que haya días en los que no nos vaya tan bien, pues actualmente el artes es una situación difícil y que se tiene que alternar con otras cosas como la docencia.

¿La pasión es muy importante para mantener vigente el espíritu del artista plástico?
Si no hay pasión pues no vives, y esa pasión la puse desde mi primer trabajo que plasmé en la pintura que titulé “Coito Circuito” que realicé en la Academia San Carlos y que expuse en una de las galerías de la escuela, cuando participé en el tema del arte pop, a cargo del maestro Melqueades, que ya falleció. Afortunadamente aprendí de un fuerte grupo de maestros de esa academia, de la antigua escuela.
“Coito Circuito” hablaba del tema del conflicto sentimental en la pareja presidencial estadounidense Bill Clinton y Hillary, por Mónica Lewinsky, pues se trataba de arte pop que trae toda una tendencia de discursos tendenciosos y fue interesante.

¿Cuál fue tu primera escultura?
La hice en la Academia y se trató de una pieza africana y fue pedida para un museo, un trabajo modelado en material plastilina para un vaciado, la cual se encuentra en el Museo del Arte “El Hombre en el tiempo” que se localiza en el misma Academia de San Carlos.

¿En cuántas exposiciones has participado?
En alrededor de 30 y de las piezas no más importantes pero que han sido trascendentales porque he tenido que viajar para esculpirlas está la última que realice en el Museo de Arte Contemporáneo y que fue para el Museo de Santiago en la ciudad de Monterrey, una tallada en madera y que tuve la oportunidad de trabajar el alabastro que es muy bonito; otra experiencia hermosa fue en Francia, además de Canadá; Argentina, donde he estado en muchas ocasiones y que viene siendo como mi tercer país, incluso he estado en Colombia, en Bélgica e Inglaterra.