Llama la iglesia a celebrar la vida

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En la Catedral de Campeche, el presbítero Francisco Velázquez pidió a los feligreses realizar buenas obras. (Humberto Cu)

Por Noemí Heredia Bernés

A celebrar la vida en vida, prodigando amor a nuestros seres querido cuando están a nuestro lado, coincidieron los sacerdotes que oficiaron las misas de los Fieles Difuntos en templos y cementerios de la ciudad.
Ayer, por la mañana, en el Cementerio Municipal de Samulá, el presbítero Engelbert Contreras, llamó a la reflexión sobre la vida eterna que Dios nos ofrece y de esa forma vivir la que tenemos en la tierra de manera correcta.
Por su parte, el presbítero José Joaquín López Arévalo, párroco de Santa Lucía, exhortó a los feligreses a ser conscientes que de lo que en realidad cuenta y es el amor y la paz, elementos que nos brindan la verdadera felicidad, cualidades de vida que sólo se consiguen al vivir en la gracia de Dios.
En la Catedral de Campeche, la misa por la solemnidad de Fieles Difuntos fue celebrada por el párroco, el presbítero Francisco Velázquez Trejo, quien llamó a los feligreses estar atentos a las palabras del Evangelio, por las cuales Jesús nos enseña cuáles son las verdaderas obras buenas, pues a veces en la búsqueda de la propia conveniencia se busca hacer un “bien” a modo y que realmente no es grato ante la mirada de Dios.
Exhortó a los feligreses a ser coherentes con la celebración de los Fieles Difuntos y las orar por nuestros seres queridos, pues bien aún estarían en el purgatorio purificándose antes de gozar de la gloria eterna.
“Por eso son fundamentales nuestras oraciones, las misas y rosarios que podemos realizar por su descanso eterno, y hacerlo también por todas aquellas ánimas que por la que nadie ora”.
En estos días, recalcó, la Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios.
Finalmente, reiteró que la verdadera vida es la que construye y no la que destruye, pues la vida en Dios no se acaba, no hay muerte, sino todo lo contrario, se transforma en gracia eterna.