Salma Hayek comparte resultados de su apoyo a víctimas del 19-S

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Salma Hayek.

Agencias/México

Salma Hayek abrió su corazón en una carta que compartió en su cuenta de Facebook en la que habló sobre cómo la inspiró la unión y la respuesta de los mexicanos tras el sismo del 19 de septiembre del año pasado y del que ocurrió en 1985.
La actriz aprovechó el momento para hablar sobre cómo fue que se sumó al apoyo para la reconstrucción en Morelos, uno de los estados más afectados por el movimiento telúrico. Para esta labor unió fuerzas con las organizaciones PepsiCo y Hábitat para la Humanidad.
“PepsiCo y Hábitat para la Humanidad, se están construyendo 180 casas. Casas que se convertirán en el hogar de 800 mexicanos, incluyendo muchos niños que recordarán para siempre cómo sus madres y sus padres, con la ayuda de sus vecinos, guiados por arquitectos mexicanos, trabajaron juntos para celebrar su individualidad y respetar su dignidad”, detalló.
Hayek también investigó los resultados después de que el año pasado participara en Crowdrise, dentro de una plataforma que abrí para beneficio de los niños víctimas del temblor y aseguró que “Para mí, lo más significativo fue que JUNTOS donamos casi un millón de dólares a UNICEF”.
Después de estar motivada, concluyó haciendo una invitación al público, “los invito a soñar un sueño colectivo por un nuevo México, hecho a mano y con el corazón, en donde la normalidad no es la que terminamos aceptando por resignación sino la que creamos con convicción juntos”.
ASÍ EMPIEZA SU CARTA EN REDES SOCIALES
Quizá porque en México aprendí a amar, sentí por primera vez el mar, el sol, donde mis ojos descubrieron mi primer atardecer. Quizá porque México entre tantas cosas me enseñó a soñar. O como diría el poeta Joan Manuel Serrat “quizá porque mi niñez sigue jugando en sus playas”. No importa cuántas historias y culturas pasen por mis venas, ni en cuántos países viva o qué tan lejos me vaya, a México siempre lo llevo en el corazón.
El 19 de septiembre de 1985, en la Ciudad de México, me tocó vivir las consecuencias del temblor que trágicamente nos quitó tanto. A pesar del dolor y del gran sentido de solidaridad que nos impulsó a unirnos y a trabajar juntos, después de treinta años seguían en pie algunos de los campamentos temporales, donde cientos de damnificados vivían esperando un hogar. Entre las múltiples historias de este triste limbo están las de los niños —y los niños de esos niños— que ahí nacieron, crecieron y vieron morir a sus padres.