Por Lorena García Méndez

Con el redoble de tambores, tras una fila de flores blancas y rojas que anunciaban el paso a cuestas de un ejército de hombres de blanco, custodiada por el honorable Consejo Superior del Instituto Campechano ingresó Lucía María del Socorro Cambranis Gómez a la benemérita institución donde la esperaban sus ex alumnos y familiares conmovidos por su partida.
Sus restos, arropados por el antiguo edificio de la escuela en la que pasó 28 años de su vida regalando su amor y compartiendo sus conocimientos, fueron colocados al centro del Claustro “Tomás Aznar Barnachano” frente a un monumento de flores que decoraban la fotografía en la que la eterna maestra irradiaba infinita tranquilidad y dulzura.
Bajo el resplandeciente sol mañanero, estudiantes, maestros, amigos y familiares rindieron homenaje a la mujer que nació en 1942 para, posteriormente, a sus escasos 17 años de edad, conquistada por 45 pequeños de escasos recursos, llevó sus conocimientos aun cuando se tuviera que trasladar hasta una lejana comunidad de Ciudad del Carmen surcando el mar con suerte al cruzar sobre una lancha o barquito de vela.
La docencia -decía la maestra Lucía- es una profesión de las más bonitas, donde lo importante es la vocación de servir, porque el amor a la docencia es lo que debe caracterizar al maestro; por eso he vivido siempre con usa pasión indescriptible de enseñar a los niños y estar con ellos a la vanguardia, en todos los aspectos.
Y esa es la filosofía que corresponde aplicar ahora a quienes fueron formados por ella en la Escuela Normal Primaria, para quienes además de una maestra fue amiga, madre y ejemplo como persona, expresó Luis Fernando Moreno Guerrero, quien con voz entrecortada recordó las estrofas de la canción que ella les entonaba y que ayer estrujó el corazón incluso del más valiente.
“Te han robado el corazón, los muchachos de la escuela, ellos pasan tú te quedas, algo de ti llevarán”, cantó el joven pupilo que antes, con nudo en la garganta recordó, “la primera vez que la vi entrar al salón, una sonrisa cálida, palabras dulces y un sin fin de experiencias que nos compartió solo ese día, fue grato pasar cada momento de enseñanza con usted. Cada experiencia, cada alegría que compartimos a su lado fue y será especial, porque nos enseñó de la mejor manera, a amar nuestra profesión intensamente como usted lo hacía”.
Ante ese conmovedor escenario y acompañadas del toque de silencio a cargo de los Dragones de la Institución, sonaron 10 campanadas, una por cada año de decanato de Lucía Cambranis Gómez quien por más de 50 años ininterrumpidos en la docencia, en vida recibió diferentes galardones como el Premio San Francisco de Campeche y la medalla “Guillermo González Galera”.
“Cuando el maestro no pierde la paciencia y lo disfruta, ya lo hizo todo. Siempre dije ¡Quítame Señor cuando yo pierda la paciencia! Gracias a Dios no he perdido la paciencia así que a la edad de 74 años comencé a estudiar una maestría, aquí me tienen investigando, trabajando y anotando, eso es lo que nos mantiene con una vida profesional aunque tenga sus sinsabores y mucha exigencia, eso hace que uno todavía tenga el deseo de seguir aprendiendo, prodigando a las generaciones los conocimientos y valores que tanta falta hacen”, expresó en la última entrevista concedida a esta casa editorial hace apenas cinco meses.
Hoy se ha reunido con su esposo Roberto Silva, quien hace cerca de 10 años se adelantó en el camino, el hombre que en vida se sentaba a esperarla en el escalón del Instituto Campechano cuando Lucía se quedaba hasta las 12 de la noche con sus alumnos que preparaban su material didáctico en un tiempo en el que la tecnología era escasa.
El Instituto Campechano está de luto “dijo el docente Sergio Suárez durante la ceremonia-, llora ante la pérdida de uno de sus grandes pilares, la maestra Lucía, quien con su ejemplo supo enfrentar todos los obstáculos que la vida le impuso, pero nos reconfortamos porque sabemos que está en un lugar lleno de paz, luz y tranquilidad, al lado de nuestro creador.
“Tu existencia habita en la memoria, en la vida de ayer, en la vida de hoy, en el corazón de tus hijos, en las horas perpetuas de tu ausencia. Nos dejas un gran legado, modelaste con tu vida, la pasión por la educación”, añadió la maestra Teresita Durán Villanueva.
Más tarde, el Rector del Instituto Campechano, Fernando Sandoval Castellanos, acompañado de integrantes de la Junta de Gobierno y Directores de las Escuelas, montó guardia de honor y luego, entregó a sus familiares el grado póstumo a la maestra emérita en pedagogía y la estola que la distinguía como miembro del Consejo Superior.
Al iniciar el evento luctuoso se entonó el himno del Instituto Campechano y al finalizar el Himno Campechano, seguido de un ¡Viva la decana!, así como un minuto de aplausos.
Ante la mirada de la multitud que arribó hasta el antiguo edificio para darle el último adiós, sus restos rodearon el emblemático claustro para más tarde ser llevados a la iglesia de Guadalupe donde se le rindió una misa de cuerpo presente para, finalmente, descansar en el cementerio Jardines del Ángel.