“En Cataluña fracasó la vía de la insurrección”

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Arcadi Espada es columnista del diario español El Mundo, Premio Francisco Cerecedo 2000 y Premio Espasa de Ensayo 2002.

Texto y fotos: José Antonio López/Madrid

Arcadi Espada (Barcelona, 1957) es uno de los columnistas más importantes de España, cada semana sus textos enriquecen la sección de opinión del diario español El Mundo. Crítico severo de quien lo merezca, Arcadi, siempre polémico, es una de las personas que más conocen las entrañas de su querida Cataluña.
Con su tono pausado y contundente, Arcadi se refiere al conflicto catalán y a la “locura” independentista del ex presidente Carles Puigdemont, así como de la “incompetencia” del jefe del gobierno de España, Mariano Rajoy, al que, sin embargo, le reconoce que tomó con el pie cambiado a todo el independentismo con su pronta decisión de la convocatoria electoral. A Puigdemont, además, le califica de “inmoral” y critica su puesta en libertad en Bélgica ya que —subraya— la decisión del juez europeo le permitirá al catalán hacer campaña electoral con vistas a las elecciones del 21 de diciembre.
El también escritor, ganador del Premio Francisco Cerecedo (2000) y Premio Espasa de Ensayo (2002), habla en entrevista con MILENIO en un hotel céntrico de Madrid.

¿Se pudo evitar todo esto?
No lo sé. Lo que sí sé es que hay responsable, el primero el autor del crimen: el gobierno desleal de Cataluña, encabezado por Carles Puigdemont. Pero luego también la actitud contemporizadora del gobierno de Mariano Rajoy, reaccionó tarde y reaccionó mal. Es verdad que el presidente Rajoy en las últimas horas con la aplicación del 155 y la convocatoria electoral ha remediado en cierto modo unos años de indolencia e inactividad. Pero esos años cuentan. Nunca se tuvo que llegar al extremo de que un gobierno de la vieja Europa democrática tuviera que afrontar la secesión proclamada de una parte de su territorio.

¿Rajoy se imaginó que las cosas iban a llegar a este límite?
No. Conozco, no íntimamente, pero conozco al presidente del gobierno, he tenido algunas conversaciones con él sobre este particular, y creo firmemente que Rajoy, que es un hombre perfectamente delineado, que le gustan las cosas previsibles, nunca pensó que la tensión llegara hasta estos extremos.
Rajoy es un hombre excesivamente de orden para una situación excesivamente caótica como la que ha tenido que afrontar. En esa cabeza no cabía que el presidente Puigdemont se comportara de esa manera, pero la culpa es también del presidente Rajoy porque la obligación de un político es interpretar los movimientos del adversario, aunque éste se haya vuelto loco. La realidad impide un asalto revolucionario a la democracia. De hecho, desde 1945 en Europa no hay asaltos revolucionarios en democracia, solo en dictadura, como las caídas del imperio soviético, por ejemplo.

¿Puigdemont estaba obsesionado con la independencia?
Los nacionalistas son fanáticos y el fanatismo lleva al delirio, éste lleva a vivir en una realidad que no tiene muchas veces nada que ver con la realidad objetiva.
¿Cómo cree que va a afectar todo esto a Cataluña, tanto en lo económico como en su imagen internacional?
Mal. Muy mal. Han hecho mucho daño. Pero, tampoco hay que exagerarlo. Las cosas en nuestro tiempo también tienen la ventaja de que todo se olvida muy rápidamente.
Es verdad que las imágenes tienen un alto impacto sobre la conciencia de la gente. De todos modos, algo de resaca quedará. Cataluña, especialmente Barcelona, son imágenes de marca muy potentes. La imagen de marca de Barcelona es extraordinaria pero ha recibido un golpe fuerte de esta locura, pero hay que confiar en que las cosas se recuperen pronto.
A su juicio, ¿cómo se ha comportado la oposición en este conflicto?
Creo que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es muy responsable de todo lo que ha pasado. Hay que recordar que el ex presidente socialista José Montilla fue el que inició en Cataluña lo que yo llamo la “era del desacato”, porque a propósito de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto (de Autonomía catalán) se atrevió a decir que los tribunales no pueden juzgar los sentimientos, como si efectivamente el dominio de la política y la razón estuviera el sentimiento por encima de la ley y la razón.
El PSOE siempre ha mantenido una actitud ambigua ante el nacionalismo catalán. Su tripartito (el gobierno de los tres partidos de izquierdas), con Pascual Maragall como presidente y después con Montilla, fue quizás el ensayo más exitoso de legitimación del separatismo. Luego es verdad que han rectificado, pero tal vez cuando ya era demasiado tarde.
¿Y Ciudadanos (centroderecha) y Podemos (extrema izquierda)?
Podemos es un aliado del soberanismo. El primer acto de una independencia no es el “sí”, sino la convocatoria de un referendo, y por tanto Podemos ha estado a favor de ese primer acto. Podemos no respeta la soberanía constitucional del pueblo español, por lo cual es parte del soberanismo.
En cuanto a Ciudadanos, que es un partido al que le tengo especial cariño porque contribuí a su fundación, he de decir que no siempre ha estado acertado y no siempre su política de oposición ha tenido la fortaleza y sobre todo la dignidad que yo hubiera querido. Su líder en Cataluña (Inés Arrimadas) es algo precaria y no siempre ha respondido con el vigor que yo hubiera deseado.
De todos modos, juntos con el Partido Popular, siguen siendo la oposición nítida al nacionalismo catalán y siguen mereciendo el apoyo de cualquier persona razonable, sea de izquierdas o de derechas.
¿Los independentistas esperaban la convocatoria de elecciones tan rápido?
No. Creo que la política tiene a veces esas jugadas prodigiosas. Hay momentos en que los hombres reaccionan, tienen detrás, como en el caso de Rajoy, una historia de incompetencia, de indolencia, pero de repente hay alguien que encuentra una salida y eso fue lo que hizo Rajoy.
Nadie lo previó, algo extraordinariamente difícil en una sociedad donde prácticamente todo está previsto, donde cualquier tuit dice lo que va a hacer, pero no hubo ninguna información que diera pistas.
Eso en política tiene un gran valor porque descoloca al adversario y lo obliga a reaccionar tardía y desacertadamente.
¿Se corre el riesgo de que los independentistas ganen las elecciones y volver a empezar con todo esto?
No. Jamás será volver a empezar. Los independentistas pueden volver a ganar las elecciones aunque siempre, a mi juicio, será con un menor porcentaje de votos.
En cualquier caso, la enseñanza es muy clara: el gobierno democrático de una vieja nación europea ha trazado una línea férrea, irrevocable, que es la línea de la ley, el derecho y el orden.
Por lo tanto, el independentismo ya sabe que la vía insurreccional a sus propósitos es una vía cegada y que su única posibilidad es el convencimiento, tampoco imposible, del resto de los españoles para que accedan mediante una reforma constitucional hipotética a ceder parte de su soberanía a los catalanes.
¿Qué opina de la huida de
Puigdemont a Bruselas?
Sólo sabemos que nos llena de estupor y de vergüenza.
¿Y del encarcelamiento de sus ex consejeros?
Eso demuestra que España es una democracia donde el que la hace la paga.
¿Qué le parece que, pese a todo, Puigdemont quiera repetir como candidato?
La ley permite que sea candidato, punto. Pero lo importante es que lo permita el sentido ético y estético de los votantes.
Ha pasado lo que se esperaba, se entregó a la policía; lo que nadie esperaba es que el juez belga le pusiera en libertad, ¿entiende usted esto?
La actitud de la justicia belga no me parece realmente la mejor. Si el espacio moral europeo es uno, no se entiende que se tome una decisión en España y otra muy diferente en Bélgica sobre la prisión preventiva.
El señor Puigdemont podrá ahora hacer campaña electoral con toda libertad y de alguna manera reincidirá en el grave delito del que está acusado por la justicia española.
Como se sabe, la reiteración delictiva es una de las cláusulas fundamentales que llevan a los jueces a decidir la prisión preventiva.

Milenio Diario