¡Yaytsa!

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Ante la apasionante y catastrófica situación mexicana de no saber, si concentrarse en el mundial de futbol o entrar de lleno a los campos belicosos de la política, me permito informarles que habrá personajes oscuros que tratarán de frenar nuestra pasión futbolera, argumentando que la fiebre deportiva nos hará olvidar nuestra situación económica y política. Yo les digo, que el deporte más hermoso del planeta (futbol) es el mejor bálsamo que puede recibir las familias mexicanas atribuladas por la carestía, los derechazos de Trump, las ocurrencias del Bronco, los volcanes que se inquietan, los candidatos que ya no saben que prometer, y otras circunstancias que nos acongojan cotidiamente.
En los cafés y círculos académicos se escucha a cada rato o se viraliza en las redes sociales: — ¡Ay!, ¡qué bueno que no nací con el gen del futbol, siento decepcionarte mi México querido!, y una serie de letanías torpes, contrarias al sentido común mexicano: “de hacer jolgorio para cada ocasión especial, mucho más en el mundial”. Conste que este artículo no es de corte deportivo.
Yo no lamento la inevitable circunstancia de juntarse el Mundial con las elecciones políticas en México. La celebro, y la disfrutaré. Tampoco lo miro como una cortina de humo para que nos volquemos a la tele y olvidemos nuestra obligación cívica y democrática de salir el primero de julio a votar; yo celebro el deporte, juego futbol (aunque sea con bastón) con mis alumnos y espero, como miles de mexicanos el silbatazo inicial del partido inaugural; ahora bien, lo que haga el Profe Osorio y la selección verde (esa es otra canción), si no pasan la fase de grupos, la historia es la que se encargará de ponerlos en su lugar como el “hazme reír” del Mundial con sus ridículas rotaciones de posiciones que apendeja hasta a los propios jugadores, que no saben si son delanteros o defensas. Yo disfrutaré el mejor futbol del planeta y saldré a votar.
Bueno pues, aclarado el asunto, volvamos al título que hoy engalana esta columnilla política. Creo que la mayoría de nosotros estamos hasta la máuser de ver al Sylvester Stallone (con sus 25 cirugías en el rostro) diciéndole a los ingenuos jugadores mexicanos (en el comercial de chelas) que irán a Rusia, que la actitud de lucha y el grito de guerra será: “Yaytsa” que significa huevos.
Esta actitud que sugiere el histrión de Rambo y Rocky, no es casualidad ni ocurrencia, es un estilo de vida inmerso dentro de la cultura mexicana. Por ejemplo, la imponente figura del charro mexicano: Pedro Infante y Jorge Negrete (porque el Potrillo está un poco dudoso), la de los bronceados y fornidos indígenas aztecas y mayas en su cruentas batallas contra Cortés, la de los boxeadores mexicanos como Chávez y Juan Manuel Márquez, la de los beisbolistas mexicanos en las Grandes Ligas, y un sinfín de mexicanos que no les falta “Yaytsa” en sus combates cotidianos contra el destino, peroooo que al mortal y distraído mexicano común se le olvida, y se deja llevar por la adversidad y las malas decisiones en la vida.
¡YAYTSA!… es la actitud que no le debe faltar a los ciudadanos para llevar a cabo sus tareas con metas claras que, aunque parezcan muy difíciles e inalcanzables se puedan lograr. Todos debemos llenarnos del espíritu mexicano, para luchar con la determinación de saber que, aunque parezca muy complicada la misión de la vida que nos ha tocado librar, logremos nuestras metas.
Todos traemos ese gen mexicano del “yaytsa” desde que abrimos los ojos, y este primero de julio lo vamos a demostrar, ojalá que las instituciones electorales avalen los resultados de los comicios y no se dejen apachurrar por partidocracia y reconozcan esa misma noche del primero de julio la voluntad de los mexicanos.