¡Viva México!

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A nueve días de concluir las campañas electorales, en un ambiente futbolero por el triunfo de México sobre Alemania, los campechanos estamos bien. Respiramos, y eso es ganancia. Sentimos en corto las vibraciones de un pueblo maduro que le apuesta al progreso, a la transformación y al crecimiento económico de la entidad, que a pesar de algunas resistencias no se detiene. Un pueblo con rumbo que enfrenta retos históricos, con afinidades, dispuesto a luchar por su bienestar.
Un pueblo plural que participa activamente, que se encuentra listo para definir el futuro del país y, por ende, del estado, al margen del endurecimiento de las formas políticas y los desvaríos que ponen a prueba su potencialidad y sus valores. La política, ciertamente, no puede ni debe dividirnos. Después del 1 de julio volveremos a ser los mismos, más allá de la diferenciación que desde ahora hacen quienes creen poseer la verdad absoluta de la que nadie es dueño.
En unidad, como se vio con el triunfo de la selección mexicana en el campeonato de fútbol  de Rusia, se pueden logar objetivos que parecieran inalcanzables. México entero, ayer, hizo un paréntesis político para vanagloriarse por el papel destacado del representativo nacional, Millones de compatriotas, como un solo hombre, festejaron esta victoria en todo el país y en muchas partes del mundo. Lo importante es creer, tener fe y visión positiva ante cualquier desafío. Encontrar las coincidencias por encima de las diferencias, porque Campeche es mucho más que política.
Entonces, ¿por qué los enfrentamientos y distanciamientos de familiares y de amigos por el solo hecho de las divergencias políticas? Campeche necesita estar unido para lo que viene, gane quien gane. Necesita, no detener su marcha ascendente porque vienen tiempos muy complicados. La reconstrucción y la operación cicatriz. Tiempos para demostrar, ahora sí, de qué estamos hechos los campechanos y para qué fuimos hechos.
Tiempos en que deben valorarse las fortalezas y debilidades. Tiempos de trabajo y de cifradas esperanzas de un Campeche mejor, moderno, que responda a las exigencias de la gente. Tiempos de oportunidades para crecer y para estimular la creación de empleos. Tiempos en que la unidad en torno al líder constitucional será diametralmente proporcional a los logros que se obtengan y se consoliden, en aras de un proyecto de gobierno que trasciende, que deja perplejos a los incrédulos.
Estamos bien, porque a pesar de las tensiones y excesos en redes sociales, el proceso electoral marcha sobre ruedas, y esto hay que decirlo, porque existe guía y entendimiento en el Instituto Electoral del Estado de Campeche (IEEC), por encima de las discrepancias políticas que allí convergen, pero con los espacios y los contrapesos pertinentes para expresar lo que a veces sólo se dice en el discurso.
Existe garantía de tener elecciones tranquilas y ejemplares; elecciones seguras que nos haga diferentes a otras entidades, lo que parece no importar a quienes le apuestan a la violencia y la ruptura de la tranquilidad y paz social. Al choque entre hermanos y el establecimiento de un clima enrarecido, como si realmente Campeche no viviera una nueva época. Una época que ha dejado atrás a quienes circulan en carril contrario al progreso de la entidad.
Y prueba de ello es que las campañas electorales, tanto del ámbito federal como el estatal, hasta el momento se han desarrollado en absoluta tranquilidad, salvo algunos casos de alteración de la flora y fauna intestinal en candidatos de oposición en los municipios de Campeche y Carmen, que quizás piensan que los campechanos somos tontos, tanto así para no poder diferenciar entre la verdad y la mentira. Entre la honestidad y la corrupción.
Campeche es uno de los pocos estados en donde los candidatos a los distintos cargos de elección popular no han solicitado a la Secretaría de Seguridad Pública protección y vigilancia especial durante la labor proselitista. Y eso habla muy bien de los campechanos, de la entidad en su conjunto, por la tranquilidad y paz social que prevalece por el bien de todos.
Ojalá que al término del proceso electoral que se torna competido, en particular por la elección del nuevo Presidente de la República, así como ayer en todo el territorio nacional por el triunfo de la selección nacional de fútbol, el 2 de julio podamos gritar a todo pulmón después de una jornada cívica ejemplar: ¡Viva México!