Violencia en nuestras escuelas

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CONVERSACIONES
JESUS A GONZALEZ D.

En algún tiempo las universidades del país fueron auténticos fuertes para los jóvenes. En ellas se proyectaban estrategias innovadoras y rebeldes contra el rezago social, a la vez que protegían como ningún otro lugar a los estudiantes.

No había espacios más libres y seguros que las universidades.

Los centros escolares eran un símbolo auténtico de que era posible transformar el país a través de la educación y no existía valor más destacado que la autonomía universitaria.

Javier Barros Sierra, quien fue rector de la UNAM durante el Movimiento del 68, tenía una idea muy definida sobre lo anterior:

“La autonomía de la Universidad es, esencialmente, la libertad de enseñar, investigar y difundir la cultura.

Estas funciones deben respetarse (…).

En ningún caso es admisible la intervención de agentes exteriores y, por otra parte, el cabal ejercicio de la autonomía requiere el respeto a los recintos universitarios. La educación requiere de la libertad. La libertad requiere de la educación” (1968. García Cantú, G.)

Los tiempos en los que se respetaba a las universidades se han muerto.

La violencia es síntoma y secuela de la descomposición social, y cuando se han contaminado los órganos vitales de un país es muy complicado sanarlo.

En México las universidades han dejado de ser lugares seguros. En los últimos meses se han presentado casos de violencia en las escuelas que son señales claras del gris panorama que vivimos:

Apenas trascendió el caso de Aidée, una jovencita de 18 años que fue asesinada en el interior de un aula cuando tomaba su clase de Matemáticas.

El caso se ha tornado extraño, pues hasta el momento no ha trascendido versión alguna de lo ocurrido, a pesar de que había varios compañeros de Aidée al momento del ataque.

El 10 de abril, en la Universidad Autónoma de Zacatecas, fue ultimada a balazos la estudiante de derecho Nayeli Noemí.

La mataron de la manera más violenta frente a sus compañeros, aparentemente como una venganza por la denuncia de un hecho delictivo.

Resulta doloroso, pero es necesario aceptar que las escuelas mexicanas han dejado de ser instituciones que ofrecen seguridad.

La violencia se ha infiltrado en los planteles y los problemas a que se enfrentan son cada vez más desgarradores: asesinatos, violaciones, suicidios…