Viejos y sin dinero…

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Crecemos menos, en términos demográficos y ello ocasiona que nos hagamos viejos, más rápidamente. Recientemente la Consar comparte en su portal un estudio efectuado por la Organización de la Naciones Unidas (ONU), en el que nos refiere que se avecina un gran “tsunami demográfico”, esto, con base en proyecciones de la propia ONU, cuyos efectos presionarán fuertemente los esquemas de seguridad social y de pensiones en todo el orbe y México, no será la excepción.
El estudio refiere que son dos los factores que incidirán fuertemente en el envejecimiento de la población: la reducción en las tasas de natalidad y de mortalidad.
No obstante que la tasa de natalidad se reduzca, el crecimiento poblacional es un fenómeno que continuará incrementando el número de personas y, para el año 2060, estima la ONU, la población en México empezará a decrementarse; para entonces, México ya será un país de viejos.
Otros factores que también incidirán en el bienestar social y en el sistema pensionario serán el aumento en la esperanza de vida y disminución de la fertilidad.
Varios factores propiciarán lo anterior, entre ellos, reducción de la mortalidad infantil, mejoramiento de la salud materna, adelantos médicos y tecnológicos en el tratamiento de enfermedades infecciosas y crónico degenerativas, así como el incremento en el nivel educativo en materia de salud.
Para el quinquenio 2015-2020, la esperanza de vida en las mujeres de México se estimó en 74.3 años y la de los hombres en 69.7, mientras que para 2050-2055 será, respectivamente de 79.9 y 75.4 años.
Dado que la esperanza de vida se prolongará y la tasa de fertilidad se reducirá, el envejecimiento poblacional es inevitable.
Proyecciones estiman que la población que más aumentará, a partir de 2050, será la de 60 años de edad o más; para este año, en nuestro país la tasa será del orden del 5.6%; para el año 2060 se estima que los mayores de 60 años representaremos el 24.6% de la población total del país.
Envejecer a un ritmo tan acelerado claro que tiene consecuencias y muy en especial en los sistemas de pensiones, consecuencias que cada uno de nosotros podremos mitigar, si tomamos decisiones en tiempo, modo y forma. ¿Qué nos queda por hacer?
A nivel gubernamental se tienen demasiado pocas opciones, entre ellas: incrementar impuestos, cuotas y aportaciones para la seguridad social; pauperizar a la clase trabajadora reduciendo las tasas de reemplazo (esto ya se hizo al implementar el sistema de capitalización individual); homologar la multiplicidad de esquemas de pensión que hoy día existen, con marcadísimas diferencias entre ellos; y ampliar la edad de retiro, en por lo menos 2 años.
Para la Consar y las Afore, definir mecanismos que garanticen la duplicación del ahorro para el retiro, al menos una vez cada diez años.
A nivel personal, las únicas alternativas viables son el ahorro y la creación de patrimonio, especialmente intelectual/educativo, e inmobiliario (para vivir de las rentas).
De nada hacer, la presión social será tan grande que bastará un chispazo para detonar la mecha y encender el “México bárbaro”; de ello puede estar seguro y entonces sí, que Diosito nos proteja.
Referencia fuete: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/265109/18_Blog__TsunamiDemografico_VF.pdf