Una pura y dos con sal

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A pesar de que el hombre de nuestro siglo teme la destrucción atómica, ha pasado por alto la temible que siempre lo ha aniquilado, “LA DESTRUCCIÓN POR LA PALABRA”. En papiros antiguos la palabra A.PO.STA.SÍ.A se usaba en el campo político para referirse a los rebeldes, a aquellos que expresaban que la enseñanza de los demonios salían de la boca del hombre, por su hipocresía, hablando siempre mentiras, haciéndolo ver como un ser sin conciencia y sin sentimientos, incapaces de aceptar una enseñanza saludable, sino que de acuerdo con sus propios deseos, acumularán para sí, mismos maestros para que les regalen los odios y les enseñen a apartar sus oídos de la verdad.
Suena fuerte, pero desafortunadamente es el primer indicador de una más de las divisiones que se ha realizado en una realidad social evadida y evitada para su enseñanza en las escuelas, y confrontada tan solo por unos pocos, que en su valentía llevan la penitencia, y que tendrán que pagar con creces, la osadía tan solo, de buscar la verdad que ilumine senderos, en brechas iluminadas que tan solo manejan destinos.
La existencia de “falsos profetas” en el camino plagado de “falsos redentores” tan solo indica una destrucción acelerada de los endebles valores que tan solo han sido generadores de conductas relajadas y alejadas completamente de los caminos de la luz y de la verdad, de la fe y de la razón, de la inteligencia y del entendimiento. Nadie puede llamar al hombre hijo de la destrucción, sin pensar tal vez en un Judas Iscariote que contribuyó de manera directa a la muerte de quien se hacía llamar un Dios, pero que tenía que ser aniquilado para siempre. Alguien piensa acaso en el sufrimiento ajeno y lo mitiga en el sacrificio de su propia persona y su comodidad? Alguien rechazaría, aún a sabiendas de su incapacidad, estar en los cuernos de la luna, con un enorme salario de estrellas, y con el conocimiento pleno de no ser merecedor de ello, rechazándolo, para dejarlo a quien si se lo merece?
Se miente y se aniquila en nombre de Dios, pero un Dios de carne y hueso al que se le teme sin conocer y se le rinde pleitesía a través de esbirros quienes en su nombre cercenan cabezas, cortan yugulares y sostienen falsos edificios para seguir alimentando el ruido de su látigo, que como dragón mortal, en amenazas tales como “es mi palabra de poseedor de la piedra filosofal, contra la tuya que es una palabra más de un pobre mortal”, y así, seguir destruyendo aquello que en algún momento fue esperanza pero que sigue cobrando víctimas, siendo estas, aquellos que caminan de frente y escudados en el anonimato mortal que de siempre ha ahogado a la verdad y a la justicia.
No hay restricciones para no creer palabras falsas y sí oídos sordos para interesarse por el dialogo permanente con el juicio de la verdad. Tristeza causa observar a hombres que se olvidan de orígenes y de sentimientos convirtiéndose tan solo en mastines que devoran a su presa sin pensar en que tal vez para mañana ya no tengan un dueño que les garantice ese atracón, y tendrán que regresar al lugar de donde vinieron y que habiendo perdido el humanismo tan solo encontrarán como respuesta colectiva, el valor de “UNA PURA Y DOS CON SAL”.
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