¡Tírenle al mensajero! “Deporte” de cobardes y anónimos

27

Las descalificaciones a los periodistas están hoy a la orden del día. Muchos abusando de su posición desde el poder político y personas alentadas por “grupúsculos” dedicados a sembrar la confusión y el caos social, haciendo de las redes sociales su trinchera más propicia para cometer sus bajezas contra los comunicadores, son quienes están dedicados a sobajar y descalificar el trabajo de los periodistas mexicanos, principalmente de quienes ejercemos la crítica y el análisis a partir de nuestras columnas o artículos de opinión en prensa escrita, así como de quienes lo hacen en espacios televisivos, de radio y el internet.
La treta de los cobardes y anónimos agresores del periodismo, lamentablemente, les ha dado los resultados esperados: restar credibilidad a los verdaderos comunicadores y convertir en una “torre de Babel” el objetivo de informar y formar opinión que es la premisa del trabajo que desarrolla a diario desde un reportero hasta un comunicador y analista, afamado o no. La “guerra sucia” bajo la que están hoy los periodistas en México ha “roto” el lazo de confianza que existía entre el periodismo y la sociedad, ya que antes era común que lo que la gente leía en la prensa escrita, escuchaba en los espacios noticiosos de la radio o veía y escuchaba en la televisión se “creía a ojos cerrados” y casi nadie lo ponía en duda, lo que forjó grandes figuras de la comunicación que gozaban de respeto.
Sin embargo, no importa actualmente para muchos ciudadanos si el periodista se desempeña bien o falla en su labor de comunicar. No, no importa, ya que el descrédito al que ha sido sometido públicamente la prensa nacional por un “tribunal de juzgadores cobardes y anónimos” (la mayoría amparados en el poder político y económico), ha surtido el efecto de descalificar a priori a todos los periodistas y anular la veracidad de las noticias y artículos que emiten desde sus respectivos medios, aprovechando que la mayoría de la gente no se detiene a examinar bien el contenido de lo que “lee” o “escucha” y poco le importa entender en su exacta dimensión lo que escribe o dice el periodista. No obstante todo ataque contra la prensa es dado como veraz y lo repiten muchos como “loros” sin conocer o saber jamás de la historia personal del reportero o comunicador.
A esta campaña de descalificaciones que se vive en México contra los periodistas (como si no bastara y no fuera suficiente con el número de profesionales de la pluma que son asesinados en el territorio nacional), se suma la nula solidaridad que existe en el gremio donde cada quien ve por sí mismo y muchos del oficio no escatiman en lanzarse mutuas acusaciones de “vendidos” y “texto servidores”, todo con tal de quedar bien con los hombres del poder político y económico que les lanzan “migajas” para tenerlos de su lado. Renglón aparte son los improvisados que se dedican a publicar diatribas en “artículos” llenos de falsedad, que la sociedad confunde con periodistas pero que lejos están de serlo y cumplen solo con la “encomienda” de manchar a la auténtica prensa.
Y es tal el brutal acoso que hoy vivimos los profesionales de la pluma por parte de los “cobardes y anónimos” y también por muchos de la clase política que se resisten a la crítica de sus reprobables actos, que hoy cuando un periodista recibe amenazas de agresión física y hasta de muerte, muchos lo celebran y lo justifican uniéndose a la condena solo porque si, como se estilaba en los tiempos de la inquisición en la que inocentes fueron quemados en la hoguera. Pero, pese al panorama de hostilidades que en México soportamos quienes nos dedicamos al periodismo con pasión y convicción, nada ni nadie nos detendrá en nuestro afán de informar los acontecimientos del país y presentar nuestros análisis de los mismos, les guste o no a quienes se sientan aludidos por la crítica vertida, pues este noble oficio no es para “tibios o cobardes” sino para quienes creemos que nuestra aportación diaria es para servir a México y al mundo.