Sobre la Tiranía

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El analista político Timothy Snyder, autor de varias obras sobre el Holocausto, catedrático de Historia de Yale, miembro del Comité de Conciencia del Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos, asociado permanente del Instituto de Ciencias Humanas de Viena y uno de los intelectuales de mayor prestigio en los círculos universitarios de los Estados Unidos, publicó este año una nueva obra que es una voz de alerta y encierra una revisión profunda y urgente de los grandes errores del pasado y su correlación con el presente.
“Sobre la tiranía” es un libro breve, sintético, sobre los peligros del populismo. Nace de una disimulada preocupación del autor con la frágil situación de la democracia en países como Rusia, Hungría o Polonia y, sobre todo, de su rechazo frontal, sin paliativos, al magnate que ocupa hoy la Casa Blanca, a quien considera un verdadero peligro para la convivencia.
Desfilan por aquí los mesianismos nostálgicos, los repliegues nacionalistas, la posverdad o la nueva propaganda, frente a lo cual Snyder elabora una lista de consejos que van desde lo puramente político (“Defiende las instituciones”) hasta lo cultural (“Distánciate de Internet. Lee libros”). “Donald Trump quiere ser un tirano”, sentencia Snyder y para evitarlo, el historiador ofrece en su obra 20 recomendaciones. La principal: no ser obediente.
El autor nos dice que la historia no se repite, pero sí alecciona. Tanto el nazismo como el comunismo fueron reacciones a la globalización: A las desigualdades reales o imaginadas que creaba, y a la aparente impotencia de las democracias para afrontarlas.
Eran movimientos en los que un líder o un partido decían dar voz al pueblo, prometían protegerlo de las amenazas globales existentes y rechazaban la razón en favor del mito. La historia europea nos muestra que las sociedades pueden quebrarse, las democracias pueden caer, la ética puede venirse abajo y la gente corriente puede encontrarse en situaciones inimaginables.
Hoy en día nos resultaría muy útil comprender por qué. La historia puede familiarizar y puede servir de advertencia. No somos más sabios que los europeos que vieron cómo la democracia se rendía ante el autoritarismo durante el siglo XX. Pero cuando el orden político parece amenazado, nuestra ventaja es que podemos aprender de su experiencia para impedir el avance de la tiranía. Ahora es un buen momento para hacerlo.
Algunos de las afirmaciones del autor: “En lugar de discutir los absurdos y provocaciones de Trump se debe mantener la atención en los paralelos y modelos que abren camino a líderes autoritarios y fascistas”.
Según el historiador, «los líderes” tienen en común la negación de la verdad, porque «si nada es verídico nadie puede criticar al líder, porque una crítica se transforma en mentira y la verdad en espectáculo”.
Otro pensamiento de Snyder: «Es un mundo ficticio en el que el líder deambula, convencido de ‘su verdad’”. Su intención (la del líder) es «meternos (a toda la sociedad) en ese mundo ficticio, para lo cual arremete contra la prensa, los periodistas y las instituciones democráticas que alertan sobre la mentira”.
El hombre común, quizá menos informado, inicia sus pasos hacia el descreimiento de la prensa, las instituciones, el derecho, las estadísticas. Comienza la etapa de la sospecha, hay quienes dicen «tal vez (el líder) tiene razón”. La sospecha se extiende a todo el cuerpo social; nacen los cínicos, los temerosos de expresarse en contra del «líder”, los que callan «porque no me importa”, los eternos pasivos «esperemos, que el entuerto se arregla solo”, «no creo en la política ni en los partidos”.
Hay otro momento de esta cadena que conduce a la tiranía y son los eslabones racistas, xenófobos, empaquetados en un nacionalismo de banderas y muros.  Es un momento peligroso porque «(el oficialismo) busca afanosamente un enemigo interno”.
En los países donde las instituciones son débiles no hay que descartar la posibilidad de que el líder considere un derecho humano  (en su mundo ficticio) a convertirse en un tirano con apoyo electoral, pues, en este caso, las elecciones son convalidadoras de la ficción.
Cambie el nombre de Trump por el de López Obrador y verá cómo ajusta el texto. Qué miedo, ¿verdad? Lea el libro, amable lector, compártalo, difúndalo. Y feliz 2018.