Siva y Parvati, una historia de amor

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MITOS Y CAVERNAS CARLOS EVIA C.
Siva, Visnú y Brahma son los dioses mayores de la India

MITOS Y CAVERNAS
CARLOS EVIA C.

Siva, Visnú y Brahma son los dioses mayores de la India y forman una tríada permanente e indestructible. Acerca de cada uno de estos dioses hay un relato que explica su existencia. Scott Littleton publicó la siguiente narración que corresponde a Siva.
Después de recorrer la región del Himalaya, el sabio Narada fue a visitar a Himavan, la deidad de las montañas, y le profetizó que su hija Parvati se casaría con el dios Siva. Ilusionado por la noticia, Himavan preparó todo para esperar la llegada de Siva, pero el gran dios estaba en un profundo estado de meditación y no se presentó ante tan hermosa doncella.
Por aquel entonces, los citados dioses habían sido expulsados del cielo por el demonio Taraka y supieron por Brahma que el único capaz de acabar con el exilio sería un hijo de Siva. Por esta causa le enviaron a Kama, dios del amor, para que se interesara por Parvati y con la esperanza de que concibieran un hijo. Kama logró, con sus flechas del amor, que Siva se fijase en Parvati, aunque ello le costó la vida, pues el dios, molesto por su intromisión, lo fulminó con el fuego de su tercer ojo; aunque Kama no murió del todo. Sin embargo, su acción sirvió para que Siva se fijase por unos instantes en Parvati, pero regresó a la meditación.
Parvati pensó que si su belleza no sedujo al gran dios, tal vez lo haría una vida consagrada a las privaciones, así que se dirigió a una cueva ubicada en la montaña donde Siva se encontraba meditando. Ella evitó todas las tentaciones del cuerpo mediante una rigurosa mortificación que la llevó a privarse de la comida, a bañarse en los lagos de agua helada y dormir usando las piedras como almohadas.
Un día pasó un sacerdote cerca de aquella cueva y le preguntó a Parvati por qué martirizaba tanto a su cuerpo tan hermoso. Ella contestó que lo hacía con el único propósito de atraer el corazón de Siva. El hombre trató de disuadirla diciéndole que aquel dios era un pobre eremita que llevaba el cuerpo recubierto de serpientes y ceniza, a lo que Parvati replicó que precisamente lo amaba por todas sus extravagancias. El sacerdote insistió diciéndole que aquél, a quien tanto amaba, se dedicaba a vagar por los cementerios. Parvati ya no quiso escuchar más y se tapó los oídos.
Justo en ese momento el sacerdote se transformó en Siva, quien le confesó sentirse conmovido por su devoción y le pidió que se casara con él, siempre que su padre estuviera de acuerdo. Al poco tiempo se celebró la boda y los dioses se alegraron, pues estaban convencidos que del fruto de esta unión habría de nacer un guerrero capaz de derrotar al demonio Taraka.