Si así es como candidato

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Como será de presidente. Algo así podemos decir del señor López Obrador, que a decir de encuestas recientes alcanza un tercio del favor del electorado (dicho sea de paso, pareciera que hasta ahí llega, sus negativos no le permiten subir más), cosa que trae muy contenta a su fanaticada (nunca mejor escogido el término), que le aplaude cualquier ocurrencia, gracejo o chistosada. Esta semana el PES le tomó protesta como su candidato; si bien MORENA presume de izquierdosa y de apoyar las causas de los más humildes y desposeídos, lo cierto es que el PES es un partido de franca derecha, apoyado por los evangélicos, que rechaza y lucha en contra de los derechos de las minorías.
Ahí es donde se junta el agua con el agua, porque AMLO, pese a hablar todo el tiempo de que trabajará para el pueblo, en realidad no se ha distinguido nunca por aclarar de qué lado de la Historia se encuentra. Quizá porque si lo hiciera nos daríamos cuenta de que está del lado equivocado. AMLO representa el más viejo y rancio priismo, ese que el mismo PRI abandonó hace años. AMLO se quedó estacionado en los tiempos de Echeverría, del estatismo, del presidencialismo todopoderoso, de todo lo que existe solo en su mente.
AMLO se siente a gusto con el PES, después de todo él no ve como derechos sino como posibilidades lejanas, y poco aceptables, los matrimonios igualitarios, la interrupción voluntaria del embarazo, la adopción por parejas del mismo sexo. Ha evadido todo debate, toda respuesta a temas que de algún modo lo incomodan, dado que se ha declarado cristiano (cualquier cosa que esto signifique). Cuando a principios de los años setenta, en Francia se debatió y legisló la ley del divorcio, el presidente de aquel país, Valery Giscard D’Estaing, católico practicante, dijo unas palabras que la posteridad ha recogido: que él como católico no estaba de acuerdo con la disolución del matrimonio, pero que como gobernante estaba obligado a hacer a un lado sus creencias religiosas y a actuar pensando en los deseos de la mayoría del pueblo francés.
AMLO no parece dispuesto a ello. Quiere seguir nadando de muertito de aquí al primer domingo de julio a ver si ese tercio del electorado sigue viéndolo como la solución a los problemas del país. Uno se pregunta si con la gente que está reuniendo a su alrededor, joyitas bien escogidas, podría cualquiera cumplir mínimamente sus promesas. Si los parientes de la señora Gordillo, si Marcelo Ebrard, si Monreal, si Bejarano, si Bartlett, y su más reciente adquisición, Napito, heredero del cacique minero, su propio padre, autoexiliado en Canadá para evadir la justicia y responder por 55 millones de dólares que hizo perdedizos, si con todos ellos y con algunos incautos más que se han sumado, a riesgo de contaminarse en ese vertedero en que se ha convertido MORENA, dejará AMLO esta república rechinando de limpio.
Pareciera que AMLO realmente cree lo que dice, y ya no sabe uno qué es más peligroso, si que crea lo que dice o que diga lo que dice para que uno se lo crea. Que con solo él desearlo, con solo él disponerlo así, en automático desaparecerán los corruptos, los ladrones, los mafiosos, los narcotraficantes, que de la noche a la mañana todos los gobernantes, en todos los órdenes de gobierno y de cualquier jerarquía, se volverán puros, nobles, buenos, decentes, honrados y trabajadores. Bueno, hasta los líderes de los carteles se convertirán y no querrán ya seguir haciendo los jugosos negocios que les dejan tantos millones de dólares.
Ay, ojalá el mundo fuera así, que con solo desearlo todos fuéramos buenos y trabajadores. Dime con quién andas y te diré quién eres. Al parecer el señor López Obrador no conoce este refrán. Alguien debería obsequiarle un refranero popular. Le serviría más que muchos de los apóstoles recién incorporados que ya se frotan las manos ante lo que ven como la inminencia del reparto del botín sexenal.