Segunda llamada

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La asunción de José Antonio Meade Kuribreña hace unos días como aspirante a la candidatura del PRI a la Presidencia de la República, registró el impacto que los estrategas del partido en el poder querían, es decir, posicionar al ahora exsecretario de Hacienda. ¿Cómo lograron ese objetivo? Simple y sencillamente “pinchando” a sus adversarios. Con críticas, insultos, descalificaciones y otras lindezas, fueron los encargados de hacerle publicidad gratuita y proyectar su imagen.
Como producto nuevo, Meade fue lanzado al mercado “para que se vendiera y se consumiera”. Las expectativas fueron superadas, apenas se supo las pretensiones de este personaje. La noticia se hizo viral, y el nombre de José Antonio Meade, sus fotos y videos; su trayectoria profesional y su permanencia en el servicio público, tapizaron las redes sociales y los principales espacios en medios electrónicos e impresos, a pesar de las denostaciones que le cayeron en cantidades industriales.
Las reglas de la mercadotecnia dicen que un producto nuevo primero tiene que ser promocionado, “bombardeado” con publicidad que significa inversión, mucho dinero, con el propósito de entrar a la competencia comercial con el “pie derecho” y ser opción de compra de los consumidores, quienes finalmente le dan su aceptación o rechazo. Quien no promociona, no vende.
El PRI no necesitó dinero para publicitar a su ungido; otros le hicieron el trabajo. Quienes no conocían a Meade, ahora saben quién es; su trayectoria y aspiraciones, independientemente si es bueno o malo. Lo importante era darlo a conocer y se logró de manera contundente, tanto así que metió en trance a quien será, sin duda, hueso duro de roer en las campañas electorales venideras que medirán estatura política y proyectos de candidatos.
Bajo esta premisa, lo trascendente era que se hablara de JA Meade, el producto terminado que se gestó por decisión de los priistas, o por lo que usted quiera, pero se habló de él, bien o mal. El propio Andrés Manuel López Obrador ha sido emisor y receptor de esta estrategia, pues -como se ha visto- se venden más las malas noticias que las buenas. Y sobre todo, si son morbosas o escandalosas, mejor que mejor.
La intención de los contrarios, similares y conexos, es manchar a Meade, mostrarlo ante la opinión pública como personaje nocivo, con pasado oscuro que amenaza y pone en riesgo la reputación, credibilidad y vigencia de las instituciones, así como la estabilidad de las finanzas públicas, la prosperidad, el bienestar y futuro de la nación. Pero se les revirtió la jugada al posicionar en cuestión de días al inminente candidato del PRI a la Presidencia de la República, que no se conocía más allá de los linderos políticos y gubernamentales. Hoy todo mundo habla de él.
Los expertos señalan que para aparecer y promocionarse en los medios, gratis por supuesto, hay que provocar que hablen mal de uno. Y eso fue lo que planteó como primera estrategia el PRI para “ofertar” no a un militante, sino a un simpatizante con claro interés de posicionarlo sin cortapisas como su “hombre fuerte”, rumbo a las elecciones del 1 de julio de 2018, lo que desencadenó ataques, pero también desequilibrio emocional en los intachables, incluso, en analistas políticos que ya tomaron partido. ¿Sabe usted por cuál?
Este ensayo puso nerviosos a los opositores del PRI. ¿Será que el proyecto Meade les atemorizó? Vaya usted a saber, pero lo que llama poderosamente la atención es que el señor López, a estas alturas del partido, todavía no entiende que con insultos, descalificaciones, golpes bajos y golpes altos; puntapiés y piquetes a los ojos, no se gana una elección, por muy popular o muy preparado que uno sea.
No es mentira que hasta el momento el tabasqueño se encuentra apuntalado. Si hoy fueran las elecciones, él con seguridad se alzaría con el triunfo. Así lo dicen las encuestas y el sentir de millones de mexicanos. Sin embargo, lo difícil para su proyecto es mantener esa ventaja, darle un giro de 180 grados a su forma de actuar, de decir. Darle la formalidad que el caso requiere.
El panorama electoral que desde meses atrás López Obrador disfrutaba como “candidato” único, comienza a tener cuerpo y corazón al aparecer otras luces en el firmamento. El PRI ya las prendió -y de qué manera- y se espera haga lo mismo el Frente Ciudadano por México, si es que logra la hazaña de conjuntar fuerzas e intereses. Se sumaría “El Independiente”.
Por lo pronto, este domingo, en Insurgentes Norte 59, en lo que se espera una magna concentración con la asistencia de miles de priistas, José Antonio Meade, luego de haber recibido agua bendita a chorro de parte de la Comisión Política Permanente del CPN del PRI, solicitará registro como precandidato a la Presidencia de la República, ante la Comisión Nacional de Procesos Internos, con ánimo de lucha; con el posicionamiento político esperado, y con posibilidades de hacer bailar al diablo y la muerte, que han comenzado a repartirse sin recato las almas pecadoras, aunque lo mejor todavía está por venir.