Seguimos inmersos en el “odio social”

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Este martes no voy a escribir nada relativo a la política ni a temas sobre las situaciones que se viven en México. No. Me parece más relevante expresarme sobre el aún persistente “odio social” que entre mexicanos sigue manifestándose a través de las redes sociales y no sólo por discusión en temas de política sino por cualquier motivo. Cualquier tema se presta hoy para que muchas personas se enfrasquen en discusiones estériles y sigan sacando a relucir ese acendrado “rencor, odio y frustración” que prevalece en sus vidas. El “odio social” parece ser un “cáncer” que afecta a miles de mujeres, hombres, jóvenes y hasta niños en nuestro país, pese a que el pasado 2 de julio de 2018 dio inicio el proceso para el tan anhelado cambio de régimen que más de 30 millones de compatriotas aspiraban se diera en el país y que se pondrá en marcha a partir del próximo 1 de diciembre.
Pesado, muy pesado, fue el clima de enfrentamiento social que se respiraba en todo el territorio nacional antes de que el PRI volviera, por segunda ocasión, a perder el poder presidencial. Demasiado odio, demasiado rencor, demasiado deseo de venganza y afanes de castigo se apoderaron del sentir de millones de mexicanos que manifestaron estar hartos de la corrupción y de la impunidad pero, que en los hechos, no aportaban más que su resentimiento a un viejo sistema y aducían querer un cambio aunque los que quedaran en el poder también robaran. “Ahora que nos roben otros”, manifestaron muchos en redes sociales al “argumentar” el porqué querían un cambio político en México.
Pues bien, se dió el giro que muchos esperaban para el país, pero más que ver ese sentimiento de esperanza y felicidad por el cambio que muchos esperan se dé a favor del desarrollo de la nación luego del 1 de diciembre de 2018, sigo viendo prevalecer el encono social que se presenta entre muchos compatriotas por cualquier tema, donde el insulto sigue haciéndose presente bajo el pretexto que sea. Todo mundo sigue criticando y atacando al prójimo con furia denodada y muchos se regodean en su insultante léxico, orgullosos de ser quienes ofenden más y sin importarles demostrar su infinita ignorancia exhibiendo su pésima ortografía. La cuestión es sentir que aplastan al contrario con su soez vocabulario,para dar rienda suelta a sus traumas y frustraciones personales.
Parece que a muchas personas solo les importa iniciar y culminar su día buscando no quien se las haga, sino quien se las pague. Es tal el avance del “cáncer” que invade sus sentimientos que lo que quieren es “contaminar” a sus semejantes envenenando sus almas y acabando con sus sueños para que se vuelvan seres vacíos que todo descalifican y que no desean que nadie triunfe porque ellos nunca lo harán por su apatía y vivir una existencia traumática. Lo peor de esta clase de personas es que día a día alimentan su odio y su rencor encontrando a más como ellos y eso les da la fuerza para seguir adelante en su afán de ganar adeptos, sobre todo de jóvenes que son sus víctimas más propicias.
Cualquier tema expuesto en redes sociales es propicio para que los que buscan cualquier motivo de generar malestar y confusión lo hagan. Y lo es cualquier tema porque quienes se dedican a incitar rencor y venganza no requieren de argumentos de discusión. Bastan solo sus insultos, amenazas y palabrería barata para dejar sembrada la semilla del encono social, pues su objetivo es destruir reputaciones y engendrar dudas y odios, solo por el afán de joder. Sí, solo por ese gusto de joder al prójimo. Tales seres enfermos de la mente y el alma no miden el efecto de sus frustraciones y, al contrario, se sienten poderosos en el
mundo de vileza y suciedad moral en el que desenvuelven sus vidas, pues muchos hasta son recompensados económicamente por la labor de zapa que realizan.
Hoy por hoy, lamentablemente, de forma lenta pero contundente, son más las reacciones de odio y rencor que están a la vista en las redes sociales y que están permeando entre la sociedad como malos ejemplos que incitan al enfrentamiento entre semejantes y tal parece que no hay autoridad alguna que pueda frenar. No hay control que impida que las amenazas y los insultos surjan de cualquier perfil, aunque muchos sean falsos y se oculten en la cobarde clandestinidad. Es tiempo, al menos, de que se convierta en OBLIGATORIO de que todo aquel que quiera un lugar en redes sociales presente documentos oficiales de identificación de sus países de origen y se corroboren sus datos para acabar de tajo con perfiles falsos que solo son creados para incitar al odio y para crear caos y confusión social. Y de esta manera, se castigue con todo el peso de la ley a quienes buscan tan aviesos fines, pues es muy válido hacer uso de la libre expresión y otra muy distinta permitir el “libertinaje de expresión” donde se incita no sólo a agredir a semejantes sino hasta asesinarlos. Y eso ya es el colmo.