Rumores que matan en un México copado por el crimen y la desconfianza

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Nuestro país vive tiempos difíciles en materia de inseguridad y de falta de confianza hacia las instituciones encargadas de brindarnos protección y de impartir justicia. Por un lado, la sociedad tiene la percepción y el creciente temor de que gran parte de los estados de la República están en manos y en poder de la delincuencia organizada y no hay autoridad que los detenga. Y es tal el control que mantienen en sus respectivas “plazas” los carteles que operan en el país, que en Guadalajara y en Cancún, por citar solo dos ejemplos, se están dando ejecuciones diarias de personas a plena luz del día y a la vista de todos, sin que exista la menor preocupación de los sicarios de ser identificados.
Aún con el Ejército y la Marina vigilando las calles de las ciudades más conflictivas de la Nación para combatir a la delincuencia organizada, éstas células criminales siguen retando al Estado mexicano. Ayer lunes 3 de septiembre, alrededor de las 11 de la mañana, tres policías de Guadalajara y su comandante fueron abatidos a balazos en el municipio de Tonalá, Jalisco, cuando recogían a su jefe en su domicilio. Este nuevo y brutal ataque contra los guardianes del orden confirma el control que la delincuencia organizada está logrando en las principales entidades del territorio mexicano, pese a la cruenta batalla que el Ejército y la Marina han emprendido al combatirla y que han costado cientos de miles de vidas y de víctimas inocentes. Por mencionar solo las cifras de muertos a manos del crimen organizado en Jalisco, en lo que va de 2018 se han registrado casi mil 300 víctimas, contra mil 369 homicidios que conformaron la estadística en todo 2017.
Sin afán de sumar al ambiente de psicosis que se vive hoy en muchas entidades del país, donde miles de ciudadanos y sus familias pasaron del miedo al terror de salir a las calles por ser sometidos por la delincuencia en cualquier lugar que se encuentren: a bordo de camiones urbanos, en sus mismos centros de trabajo y hasta en los restaurantes donde son despojados de sus pertenencias por truhanes armados hasta los dientes que actúan con exceso de violencia gracias a la impunidad que gozan. Esta lamentable realidad es la que está mermando la confianza de la gente hacia las instituciones encargadas de prevenir y combatir el delito, pero sobre todo, hacia las autoridades que deben aplicar la ley a los delincuentes e impartir justicia en favor de las víctimas del delito.
Tristemente, hoy muchos mexicanos están convencidos de que a los delincuentes, gracias al nuevo Sistema de Justicia Penal en vigor, se les está dando todas las facilidades para que roben, asalten y hasta maten a ciudadanos bajo un total manto de impunidad que protege sus “derechos humanos” al ser aprehendidos por la policía y que les garantiza ser puestos en libertad en cuestión de días, horas o minutos como si nada hubiera pasado. Ya no se diga de la percepción que existe de la ciudadanía sobre la impunidad con que operan las grandes organizaciones criminales, donde siempre se ha sospechado que se confabulan intereses de políticos, mandos policiacos y jueces, ya sea por ser presionados bajo la consigna de “plata o plomo” o porque estos “representantes populares” u autoridades han sido puestos en sus cargos por la misma mafia.
Y es en este clima de desconfianza hacia el combate al crimen y la aplicación de las leyes y la justicia hacia los delincuentes, que los ciudadanos ya no saben qué hacer para defenderse de la inseguridad en que sienten que están viviendo en muchos lugares de México, lo que ha dado lugar a que un gran sector de la sociedad esté dispuesta a “tomar justicia por mano propia”, cayendo en tal grado de desesperación que no razonan ya con la mente fría y son capaces de atender cualquier llamado que se haga para “atentar contra la vida” de personas señaladas como delincuentes sin tener pruebas de por medio y solo por “meras sospechas” de terceras personas que inducen a las mayorías al cruel “linchamiento público” de presuntos ladrones o secuestradores de niños. Un simple señalamiento hecho por alguien en contra de cualquier individuo de cometer un delito que nadie vió, un simple rumor o sospecha de ser delincuente es, en nuestros días, suficiente para “llevar a la hoguera” a inocentes, mientras la ineficiente acción de quienes deben prevenir y combatir el delito y aplicar justicia a los verdaderos criminales continúa permitiendo que en las calles del país éstos transiten y sigan haciendo de las suyas con total impunidad. Esperemos que esta pesadilla de muchos se acabe con la Cuarta Transformación que vendrá a partir del próximo 1 de diciembre de 2018.