Respeto a las instituciones

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Las pasadas elecciones dieron ejemplar lección a los políticos y a todos aquellos que creyéndose intocables recibieron pronta respuesta ciudadana. El partido Morena se alza como la primera fuerza política del país, luego del ejercicio democrático que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la cima de la montaña para hablar de sus verdades.
Morena se llevó la mayor parte del pastel en las elecciones de senadores y diputados federales; en las gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos, no precisamente por decisión de militantes y simpatizantes, sino por gente de otros partidos e ideología distinta que emitieron voto de castigo, termómetro que midió la temperatura política en el vasto escenario nacional a partidos de gran tradición, como el PRI y el PAN.
En medio de esta metamorfosis, muchos que no lo eran, ya hablan distinto. Escriben, actúan y piensan distinto. ¡Qué tiempos aquellos de la bonanza institucional! Las ratas y corruptos cambiaron de piel. Una piel dura semejante a la de pejelagarto, dizque por pertenecer ahora a un partido encumbrado, como aquél que en otros tiempos no necesitaba de mucho esfuerzo para ganar. Que por sus siglas se daba todo.
Todo tiene una razón de ser. El 1 de julio, el partido de AMLO imprimió el sello de la casa, incluso rememoró el viejo PRI con aquello de “carro completo”. Un carro último modelo que saca a relucir poderoso motor de ocho gargantas, rines de aluminio y escape deportivo, como por ejemplo, en el Estado de México, otrora semillero priista que sucumbió ante la ola Morena en que el PRI no ganó ni un solo distrito en la elección local. De ese tamaño.
Es evidente que el gran perdedor en las elecciones pasadas fue el PRI, en situación más complicada que la obtenida en la elección de 2000 cuando entregó el tenis a Vicente Fox. Una inédita derrota que exige de los priistas autocrítica, reorientación de principios, así como medidas de reconstrucción para resarcir lo que la corrupción, la impunidad, la inseguridad y las traiciones destruyeron a lo largo y ancho del país.
El nuevo mapa electoral que trazó en el país AMLO, más que círculo de discusión y de acusaciones conducen a la Santa Inquisición o al muro de las lamentaciones; arrepentimiento en partidos como el PRI, PAN y PRD viene a constituir escenarios de reflexión profunda para lo que se avecina dentro de tres años y que obliga a trabajar desde ahora a quienes quieren seguir ocupando un lugar en el firmamento político.
En Campeche, si bien el tsunami López Obrador agarró por la lateral a los priistas campechanos, también el trabajo desplegado por el alto mando tricolor en los 11 municipios; por la dirigencia estatal al frente de Ernesto Castillo Rosado que en esta sacudida inédita injustificadamente quieren llevar al paredón, hizo menos doloroso el alzamiento de Morena. El partido de AMLO ganó la fórmula senatorial y las dos diputaciones federales. Asimismo, siete diputaciones locales y dos Ayuntamientos.
Acción Nacional logró tres diputaciones locales y dos Ayuntamientos, quedando pendiente el de Carmen que disputa con el PRI, El Revolucionario Institucional, independientemente de su tropiezo en la elección federal y la pérdida de la alcaldía de Campeche, ganó en cinco Ayuntamientos y 11 diputaciones locales que lo llevarían a mantener la presidencia de la Comisión de Gobierno y Administración de la próxima legislatura.
Hoy, la oposición estatal que perdió habla de fraude electoral y acusa al IEEC de ser partícipe de actos violatorios a la ley, cuando el trabajo intenso que realiza el Consejo General de este órgano electoral ha sido por demás decisivo en apego a la ley, no a los caprichos de quienes hablan de componendas políticas.
En una democracia se gana pero también se pierde, y una de sus reglas es, precisamente, que quienes pierden deben aceptar el veredicto ciudadano, luego de agotar todas las instancias legales a que por derecho pueden acudir si consideran que en el proceso existieron irregularidades, como ocurre en muchos lugares del mundo, que no es otra cosa que parte del juego democrático en que todos deben converger.
Poner en entredicho un proceso histórico es no tener memoria. Es hablar de conveniencias y de acaches políticos. El Consejo General de IEEC fue constituido bajo nuevos criterios y nuevas leyes electorales por el INE, sepultando para siempre las nominaciones de consejeros que en otros tiempos se prestaba a la suspicacia política que siempre terminaba en duda sobre la imparcialidad de este cuerpo colegiado.
Lo que ocurre en Carmen es prueba fehaciente de que la democracia es un proceso complicado, pero a la vez justo, que por supuesto no deja a todos contentos. No es posible hablar de democracia cuando se gana, pero cuando se pierde de órganos electorales a modo y corruptos. Entonces, ¿o no se entiende qué es la democracia o simplemente se da patadas de ahogado para justificar lo injustificable? Respeto, ante todo, a las instituciones.