Regreso al Bosque de los Cien Acres

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“Christopher Robin, un reencuentro inolvidable” (2018) entretiene a los más pequeños de la familia, aburre hasta los huesos a los padres de familia que no están familiarizados con este fenómeno cultural y ataca con una bofetada intensa de nostalgia a aquellos que tuvieron a Winnie the Pooh, Tigger, Igor o Piglet durante sus primeros años de vida, ya sea en libros o en películas animadas.
Ese contraste en la audiencia podría haberse evitado con gran facilidad, pero el resultado final de la propuesta del director Marc Forster (“Finding Neverland”, 2004 y “Guerra Mundial Z”, 2013) es inofensivo pero extramente sombrío. Los principales problemas son la cinematografía descolorida que presenta una Inglaterra después de la Segunda Guerra Mundial, un diseño poco favorable para los personajes ficticios que podría dejar pesadillas en más de uno (¿era necesario que parecieran peluches cuando el argumento es que son seres vivos que piensan y hablan?) y un guión tan poco original, que es imposible pensar que cinco personas están detrás del mismo: Alex Ross Perry, Tom McCarthy, Allison Schroeder, Greg Brooker y Mark Steven Johnson.
A pesar de una introducción agridulce al inicio de la historia, con un Christopher Robin despidiéndose de sus amigos imaginarios en el Bosque de los Cien Acres para dejar atrás su niñez (que siempre ha sido la conclusión y el objetivo de la historia original), la trama se embarca en mostrar la cruda realidad que enfrenta el protagonista al convertirse en un gerente obsesionado con su trabajo, deprimido y con pésima comunicación con su familia. Es entonces que, durante un fin de semana en el que se ve obligado a darle prioridad a su vida laboral por milésima vez, se reencuentra con sus amigos de la infancia y se ve forzado a reencontrarse con su niño interior. Sí, es una nueva versión de “Hook” (1991) con mucho menos encanto.
Otro gran desacierto es que el talento de la actriz Hayley Atwell (“Capitán América: el primer vengador”, 2011) no es aprovechado en la cinta, ya que es relegada a criticar cualquier acto de su esposo y carece de profundidad, mientras que la pequeña intérprete Bronte Carmichael, quien da vida a la hija, apenas tiene oportunidad de demostrar sus cualidades.
En 1926, A.A. Milne publicó su primer libro de Winnie the Pooh inspirado en su propio hijo, Christopher Robin Milne, pero a diferencia de la película biográfica “Hasta Pronto, Cristopher Robin” (2017) que cuenta un punto de vista diferente, esta propuesta se siente como una fría estrategia corporativa de Disney para posicionar esta propiedad otra vez en el imaginario colectivo.
Sin embargo, para aquellos que puedan dejar de lado esos defectos y solo quieran disfrutar de una historia simple, predecible y conmovedora, sí logra evocar muchos sentimientos. Eso sí, hay que evitar cuestionarse si todos en Inglaterra tienen esquizofrenia porque pueden ver a Winnie the Pooh y su pandilla hablar, o si Christopher Robin fue demasiado cruel al abandonar a criaturas pensantes a su suerte en primer lugar.