Quien desee servir a la nación no debe ofenderse por el reclamo ciudadano

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Lo más grave de la ineficiencia que Fernández Montufar está demostrando como primer edil del Ayuntamiento de Campeche.
Como todo político que busca llegar a un cargo y es capaz de prometer hasta las perlas de la virgen para lograr su ambición de poder.

Así es Campeche, las cosas como son
Gerardo Romero Olivera

Llegar al servicio público, ya sea por elección para un cargo de gobierno o por invitación para ejercer como funcionario de alguna dependencia, debe ser considerado un alto honor para quien o quienes dicen tener deseos de servir al pueblo desde alguna responsabilidad en cualquiera de los tres poderes que nos rigen a los mexicanos: el ejecutivo, el legislativo o el judicial. Muchos son quienes presumen tener vocación de servicio pero muy pocos quienes demuestran hoy en día, en los hechos, poseer los atributos de honestidad, honradez, eficacia, eficiencia y responsabilidad para cumplir en los cargos que ostentan como gobernantes o dentro de la burocracia mexicana. La mayoría de quienes fungen como gobernadores, alcaldes, legisladores, funcionarios de primer nivel, jueces, magistrados, fiscales o ministerios públicos, con sus contadas excepciones que sí las hay, no cumplen a cabalidad los deberes y obligaciones que la ley les exige pero simulan hacerlo. Es por esta simulación de “cumplir” con sus “deberes y obligaciones” que los ciudadanos han ido mermando su tolerancia hacia los políticos que prometen y no cumplen y hacia los pseudos servidores públicos que simulan hacer y no hacen nada en sus dependencias más que cobrar altos sueldos que no se merecen y que, no conformes con ello, transan desde sus puestos al ciudadano al que deben servir.
México está viviendo una nueva etapa que encabeza desde la presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador. Con la consabida promesa de que el país hoy está inmerso en una cuarta transformación y que ya no habrá corrupción, muchos mexicanos están ya sintiéndose más libres de manifestar en actos públicos su malestar contra quienes consideran son o han sido malos gobernantes o funcionarios incumplidos, por lo que lanzan furiosas “porras” de inconformidad contra el actuar de éstos y, en cambio, externan alabanzas y aplausos a favor del presidente López Obrador. Quienes han sido agredidos por la turba, me refiero a los gobernantes que han sufrido en carne propia la “lapidación” pública de los ciudadanos, todos provenientes de la oposición: PRI,PAN y PRD, creen no merecer tal maltrato social y solicitaron que ya cese lo que consideran una campaña de insultos orquestada por MORENA para ponderar la figura de Andrés Manuel López Obrador.
Es vox pópuli que el propio mandatario de la nación ha salido en defensa de los gobernadores ofendidos por la chusma morenista o por ciudadanos inconformes que acuden a sus actos públicos, pidiendo a los manifestantes respetar la investidura de sus autoridades y dedicando palabras de reconocimiento para los denostados ejecutivos estatales, más esta clase de manifestaciones ciudadanas también podrían ser ya una nueva forma de presión para que la clase política se ponga a trabajar y a dar resultados palpables en sus respectivas administraciones. O también una manera de recordatorio del protocolo de protesta que cada gobernador hizo de “cumplir y hacer cumplir las leyes…o, sino, que el pueblo se lo demande”.
A ningún político o funcionario público le gusta que la gente les grite “sus verdades” cuando están fallando en sus encomiendas o han incumplido sus promesas. A todos, del partido y color que sean, solo les gusta los aplausos y las alabanzas; que los ciudadanos los vean bonito y les digan que todo está bien; que les lancen porras a favor y les agradezcan lo que
por obligación están obligados a hacer, reitero: trabajar con honestidad, honradez, eficacia, eficiencia y responsabilidad. Quienes tienen el privilegio y el honor de servir a México y a los mexicanos en cualquiera de los tres poderes de la unión, deben hacerlo sin esperar porras o aplausos de parte de los ciudadanos a los que se deben y a quienes están obligados a servir por el solo hecho de que cobran, más que bien, por la encomienda que tienen a cargo. Los tiempos que vivimos no son para seguir dando tregua a los malos servidores públicos. No, son de exigencia total para que nuestros políticos se pongan a desquitar con trabajo y resultados y no “ser adornos” en sus oficinas.
Un buen ejemplo de lo que es servir con vocación y de que no está a la espera de recibir aplausos, porras o alabanzas, lo está dando en Campeche el gobernador, Alejandro Moreno Cárdenas, junto con su equipo de trabajo. A todos sus colaboradores, desde el primer día de su gestión iniciada el 16 de septiembre de 2015, los ha puesto a trabajar a marchas forzadas para rendir buenas cuentas a los campechanos, tarea en la que cuenta con el apoyo del secretario general de gobierno,Carlos Miguel Aysa González. Alito, paso a paso, va por la meta de transformar Campeche con acciones y obras que están modernizando la capital, sus principales ciudades, e impulsando como nunca la economía estatal.