Protectora de letras

17
Rosely Quijano León

ECLOSION DE LETRAS
ROSELY E. QUIJANO L.

El impulso que muchas mujeres han dado al arte, especialmente a la literatura, es poco conocido y valorado, porque su labor ha sido ensombrecida por la resonancia que hoy tienen los nombres y trayectorias de escritores que en sus inicios fueron arropados o beneficiados por el mecenazgo femenino.

Herederas o esposas de hombres cultos y acaudalados, casi siempre de buenas familias, dueñas de sus ideas y decisiones, transgresoras y apasionadas del arte y la cultura, supieron alterar el statu quo de épocas donde la cultura letrada era casi exclusivamente masculina y, sin embargo, abrieron brecha y lograron que muchos escritores y escritoras pudieran publicar y difundir sus obras.

Una de ellas fue Juana Manuela Gorriti (1818-1892), quien, gracias a un matrimonio fallido y una viudez inesperada, pudo desenvolverse como escritora y promotora cultural en sus estancias entre Argentina y Perú.

Fundó “El Álbum, Revista semanal para el bello sexo” y “La alborada”. Pero su principal contribución fue a través de las veladas literarias que organizó en Lima por varios años, donde se congregaban los escritores hispanoamericanos más reconocidos y los nuevos talentos de la época.

Un siglo después, en Argentina, Victoria Ocampo (1890-1979) continuará el legado; funda la revista “Sur” (1931), de las más prestigiosas y duraderas de la época; en sus más de trescientos números llegó a congregar las plumas de José Ortega y Gasset, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Alejandra Pizarnik, Alfonso Reyes, entre muchas otras.

Fue la primera mujer en ser miembro de la Academia Argentina de las Letras. Su intensa amistad con el poeta y Premio Nobel de Literatura Rabindranath Tagore fortaleció su imagen más allá de la editora y traductora, como una mujer de liderazgo y capaz de generar grandes vínculos en el mundo literario del momento.

En México, no debemos olvidar a Antonieta Rivas Mercado (1900-1931), hija del famoso arquitecto creador del Ángel de la Independencia, fue mecenas, promotora cultural, actriz, escritora, traductora y defensora de los derechos de la mujer, creyó fielmente e impulsó la campaña presidencial de su pareja sentimental José Vasconcelos; patrocinó las actividades del teatro Ulises, de orquestas, artistas y escritores como Villaurrutia y Novo.

Sin embargo, desde 1929 comienza una etapa de crisis en su vida, la derrota de Vasconcelos por el que dio todo: amor, talento y dinero, y quien finalmente la abandona, aunada a la pérdida de la patria potestad de su hijo, la lleva a terminar con su vida y sus amores fallidos con un tiro en el corazón en plena Catedral de Notre Dame en 1931.

Todo el talento, liderazgo y pasión congregados en estas protectoras de las letras, pese a los muchos obstáculos a que se enfrentaron, son inspiración y la antorcha encendida que guía el ideal de mujeres y hombres que aún creen y trabajan por impulsar la vida cultural que debiera nutrir a nuestra sedienta e iletrada sociedad actual.