Promiscuidad electorera

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Andamos confundidos, la gente no quiere justicia, quiere venganza. La semilla de odio, división, discordia, buenos y malos, los pobres y los ricos, da fruto. Sí, también es responsabilidad de los malos gobiernos del PRI, del PAN, PRD que colmaron su paso de excesos y abusos del poder.
Las redes sociales dieron cuenta del reclamo de la pasajera al ex presidente, Vicente Fox, por su pensión. La mujer demostró un fanatismo, una especie de ceguera colectiva, de esta mala cosecha de argumentos, gritarle ¡maldito! confirma la mezcla desordenada en la que nos hemos estancado. En eso estábamos, cuando Carlos Slim salió a fijar su postura, su preocupación y miedo por la propuesta negativa de Andrés Manuel López Obrador sobre el proyecto de construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
No es cualquier opinión la de Slim, es una de peso. Nunca antes Andrés había desdeñado al empresario como lo hizo, y le dice abiertamente, lo ubicó como miembro de la mafia. No es defender a Slim, pues cada mes le mentamos la madre con las facturas del servicio de tarifas de celulares. Pero tiene derecho al desacuerdo. Como todos.
En mis redes sociales me reclamaron por defender el derecho del millonario mexicano a estar en desacuerdo, independiente del tema. Sostengo que todos tenemos el derecho de opinar diferente además de expresarlo públicamente. Pero este principio esencial en la vida democrática para algunos fanáticos radicales solo es aceptable si es semejante a su corta visión del mundo.
Regresando a la confrontación de Slim con “ya sabes quién”, el empresario siempre ha estado relacionado con el tabasqueño, estrechamente cuando éste fue jefe de gobierno de la Ciudad de México (2000-2005) periodo en el cual se realizó la inversión para el rescate del Centro Histórico de la CDMX. A esto hay que recordar la construcción de la sede la Secretaría de Relaciones Exteriores, proyecto que hicieron juntos (capital privado y público). En 2003, el gobierno de AMLO donó terrenos para la plaza mariana, donde se construyó un centro comercial con dinero de Slim, entre otros proyectos. Estas elecciones los confronta, cada quien defendiendo sus intereses. Es obvio que terminaron relaciones el candidato y el empresario. Yo esperé otra respuesta de López Obrador, pero no, otra vez se dejó ir por la voz del diablo. El problema del tabasqueño es su colosal dificultad para reconocer que otros pueden pensar diferente a él. No es capaz de darle un mínimo de validez a nada contrario a lo suyo, a su visión. Vaya, ni a sus asesores escucha.
En eso estábamos cuando todos comenzaron a platicar de la avioneta privada que usó AMLO para llegar a su evento proselitista. Ya sé que los fanáticos del tabasqueño dirán que no hay comparación con los viajes lujosos de otros políticos. Tienen razón, pero él lo dijo. El no usará el avión presidencial, “es una fantochería” y ¿si no llegas? “pus no llegué”. Yo hubiese hecho lo mismo para llegar a mi evento, rentar una avioneta, subir un video explicando por qué lo hice, lo que no haría es decir “incoherencias”, por el afán de ganar, pero en el discurso quedó en ridículo.
No terminamos de decidir si fue prestada o taxi aéreo cuando los jóvenes también se expresaron. Los sondeos dicen que Ricardo Anaya les es más rentable que López. Es natural, los jóvenes quieren llegar al futuro, y lo quieren construir y en Andrés no lo ven así. Su propuesta es reduccionista para ellos, contraria a lo global. Los millenials creen en su propia empresa y no en un gobierno que les dé o los mantenga con apoyos mensuales. Los jóvenes no idolatran a los líderes políticos. Tal y como lo dice la obra “Promiscuidad Electorera”, estamos en una tragicomedia política donde no valen los principios, la congruencia ni los ideales, solo importa llegar al poder para obtener beneficios personales. Lanzadas las cartas, nos leemos la próxima semana.