Pretextos para vivir

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El arte es el quehacer del ser humano, es decir, que todo cuanto produce de manera deliberada para que tenga cierto grado de estética es considerado arte.
Claro que algunas piezas artísticas son muy feas, pero en todo caso la estética también tiene nociones muy subjetivas para ser calificadas.
En este contexto, el Carnaval es una celebración artística, cultural, tradicional, idiosincrática del ser humano.
Existen documentos históricos que colocan a los carnavales en tiempos de la Edad Media, más por cuestiones religiosas que por el arte; además, se cree que derivan de festividades más antiguas como las bacantes (dedicadas al dios del vino, Baco, que es una derivación Romana de la deidad griega, Dionisio), las saturnales que eran festejadas en invierno o las lupercales que se realizaban en honor al toro Apis.
Las fiestas carnestolendas parecen ser mucho más fuertes en las zonas donde los negros tuvieron mayor presencia, con ritmos de timbales enriquecieron estas fiestas con samba, bombo y platillo, chapas, chacareras, cumbia, puya, mapalé, garabato y jaleo.
También se bailan la conga, sones, jaranas y otros ritmos que surgieron como fusión indígena, europea y africana.
No es solo privativo de algunos carnavales americanos ver las carrozas alegóricas, pues provienen de una costumbre francesa, los desfiles de mayor relevancia se hayan por ejemplo en Nueva Orleans, como el del Mardi Grass (martes graso, por su excesivo consumo de grasas y cárnicos); en Brasil con los carros espectaculares que cada escuela de samba trabaja durante todo un año.
¿Ha leído usted Nuestra Señor de París de Víctor Hugo? Lo leí cuando estaba en primero de secundaria, ya sabe, por obligación, mientras pasaba mis vacaciones de Semana Santa en la playa. Entonces me llamó mucho la atención el carnaval que vivían en el relato, sin reglas y en el que a Quasimodo lo tomaron como su “rey” para mofarse de su condición física. También lo vimos de una manera más suave en la película animada El Jorobado de Notre Dame, pero ya sabe… es para niños y fue un poquito maquillada.
Aquí en Campeche suelen disputarse si es el carnaval más antiguo o no de México pero, ¿a quién le importa? Los títulos de las fiestas pasan a segundo término cuando estamos tan orgullosos de ellas. Es por ello que duele ver cómo se van perdiendo poco a poco algunas tradiciones, a veces disfrazando de modernidad, otras de movilidad, por ejemplo el cambio en la ruta de los desfiles, la desaparición de los toldos en los barrios, la pintadera que está derivando en una carrera tempranera y unos cuantos que se reúnen en el Foro Ah Kim Pech para bailar.
En estos días, los artistas de Campeche mostrarán sus talentos con hermosos vestidos, con la combinación explosiva de colores en los trajes de las comparsas, en el maquillaje precioso de las reinas, princesas, de cada una de las chicas y hasta de los chicos que solo quieren dar lo mejor de ellos en esta fiesta.
Veremos los carruajes que llevaron (no pensemos en el gasto monetario) horas de trabajo a conciencia, detalles, diseño e ingeniería, majestuosidad en todas sus letras.
No veamos los errores, los pleitos, los comentarios poco certeros y venenosos de los que critican pero nada aportan, no nos sintamos mal por las cosas que se han dejado de hacer, finalmente, la fiesta es nuestra, nos divertiremos en la medida de nuestras costumbres y presupuesto.
Yo debo trabajar ese día, pero usted, diviértase por mi y por todos los que veremos de “lejitos” esta fiesta que es u pretexto más para vivir y ser feliz.