Pesos y contrapesos

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EN MI OPINION
Margarita Rosa Rosado M.

De manera sospechosamente frecuente, repetitiva, las giras del presidente a estados de la República donde gobiernan partidos hoy en la oposición resultan en penosas oportunidades para hacer quedar mal a sus gobernadores. Como siguiendo cuidadosamente un guión, el presidente y su anfitrión, el gobernador del estado, llegan a actos programados generalmente para la entrega o anuncio de programas de asistencia social, esos que tanto gustan al señor presidente, que puede repartir el dinero de nuestros impuestos entre grupos sociales que ansiosamente esperan estos apoyos y que pasarán a formar parte de la clientela de su partido, esencial para conservar el poder que tan afanosamente buscó en los últimos 20 años.
Como es acostumbrado en estos actos, el gobernador da la bienvenida al presidente para que sus palabras sean recibidas con sonoras rechiflas, abucheos y recordatorios maternos que en algunos casos les han impedido continuar con su discurso. Entonces interviene, generoso y comprensivo, el señor presidente para pedirle al público asistente un poco de piedad y cortesía para con su gobernador, lo exhorta a comportarse con civilidad e incluso le advierte que ese gobernador está en su ánimo y que continuará trabajando con él. Él, el dadivoso, el desfacedor de entuertos, les perdona la vida a los gobernadores e incluso insta a su grey a hacer lo mismo.
¿Qué puede hacer el gobernador? Por cortesía política y como jefe del ejecutivo estatal, está obligado a recibir y acompañar al presidente en todos sus actos. A sabiendas de lo que ya pasó en otras entidades, tendrá que apechugar y exponerse a pasar un mal rato, ellos sí, por civilidad para con el mandatario federal.
Según algunos analistas políticos de periódicos nacionales, esta sospechosa y recurrente actitud no es producto de la casualidad ni contagio de histeria colectiva. Es una trampa orquestada, según parece, en los bajos fondos de Morena, que, al cabo polvos de aquellos lodos, entrenados en el arte del acarreo, trasladan a los eventos a gente pagada e instruida para “mayor lucimiento” de su amado líder que, ante el rechazo de la multitud a su mandatario estatal, brillará como el gran conciliador que es, y le evitará mayor escarnio. Suena demasiado lógico para no darle crédito a la posibilidad.
Me atrevo a pensar que esto continuará sucediendo, de una u otra forma, en tanto la oposición no levante cabeza y empiece a actuar como tal. No se trata desde luego de oponerse por sistema, pero es clave, de absoluta relevancia que los partidos derrotados el 1º de julio pasado trasciendan ya su condición de perdedores y se asuman como lo que son, instituciones públicas que ahora deben constituirse en los indispensables contrapesos ante un poder que el presidente pareciera creer que es omnímodo y eterno.
No olvidemos que 30 millones de votos son solo la tercera parte del electorado y que esta vasta mayoría de los que no votaron por López Obrador están esperando que los partidos políticos asuman su responsabilidad, dejen de comportarse como si el marrazo hubiera sido ayer y elaboren las estrategias que permitan a esa importante porción de la sociedad contar con portavoces de las inquietudes y descontentos, que son muchos, y más importante aún, con cauces para canalizar la leal oposición.
Mientras millones de mexicanos siguen confiando en las promesas y palabras del presidente, los signos que manifiesta la economía empiezan a preocupar a muchos que entienden que la economía no se arregla con buenos deseos y menos aún con homilías que en la mañanera de hoy contradicen o descalifican lo que se dijo ayer.
Urgen dirigencias partidarias que sepan aglutinar, dar cauce y sustento a las posiciones que no comulgan con las del gobierno morenista, que puedan guiar a los millones de mexicanos que creen en otras opciones para que estas sean objetivas, tangibles y reales en 2021, que para efectos de campañas no está tan lejos. Si los partidos políticos no se reorganizan y encabezan a la sociedad, la sociedad probablemente se organice por su cuenta y se olvide de ellos. Sería un desperdicio, usted, ¿qué opina?