Pensar en el futuro

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Llegó la hora. Cuando estas líneas se publiquen, estaremos a unas horas de ejercer una actividad fundamental como ciudadanos, que es a la vez un derecho y un deber: votar. Algo que nos parece normal y corriente en México es aún aspiracional en algunos países del mundo. Para las mujeres, es un derecho que se materializó ya entrada la segunda mitad del siglo XX y más tarde aún en otros países.
Votar es el acto ciudadano por excelencia, mayor de 18 años en pleno uso de sus derechos políticos, es la persona, o el conjunto de ellas, en el caso de México cerca de 90 millones, que tendremos en nuestras manos, literalmente, el futuro de nuestra nación, de nuestra sociedad, de nuestra familia, de nosotros mismos. No es poco lo que estará en nuestras manos.
Si usted es de los que piensa salir a votar, llueva, truene o relampaguee, lo felicito. Usted es de los que saben lo que se está jugando. Usted es de los que se toman en serio esta responsabilidad ciudadana. Sobre todo, usted será de los que puedan, el día de mañana, si es el caso, quejarse y reclamar, porque ejerció su derecho a votar, porque hizo su cola, a lo mejor bajo el sol o la lluvia, porque dejó de hacer otras cosas en apariencia más atractivas. Porque ayudó a construir la sociedad democrática que todos queremos, usted tendrá derecho a reclamar lo que el candidato ganador, fuera o no el suyo, ofreció durante su campaña, lo que se comprometió a lograr.
Ah, pero si no va a votar porque, total, ya todo está decidido, porque un voto más o menos no se nota, porque de cualquier modo mi candidato va a ganar… o a perder, porque es más cómodo quedarse en casa ante la tele, entonces no se le ocurra quejarse el día de mañana.
No se le ocurra protestar por una situación, por un escenario, por una realidad que probablemente le afecte, y mucho, no sabemos ahora en qué forma, porque usted decidió apartarse, decidió no participar, decidió no actuar, decidió no votar.
Nunca como ahora, quizá, una elección presidencial ha sido de tal modo definitoria, podría ser un parteaguas para el futuro de nuestro país, ese futuro que, sobre todo los jóvenes, los millones de hombres y mujeres que aún tienen por delante los mejores años de su vida, los más satisfactorios, los más productivos, los más retadores, aún no se vislumbra del todo claro. Nadie tiene claro lo que va a ser su vida en el futuro, menos los jóvenes, pero el nivel de incertidumbre puede ser mayor o menor dependiendo de quien quede a cargo de los destinos del país.
Si de por sí el futuro implica una cierta dosis de riesgo, de incertidumbre, de desconocimiento, lo mejor sería pensar con la cabeza fría quién nos ofrece la certidumbre, el conocimiento y el menor riesgo a la hora de votar. Quién podría apoyar nuestros esfuerzos por construirnos, en lo individual y en lo colectivo, un mejor futuro, digno, honesto, seguro, con una perspectiva económica sólida y a ese darle nuestro voto, en la convicción de que estamos haciendo lo correcto, que nuestro cerebro nos dictó la acción, no nuestro estómago ni nuestro hígado.
México está en juego, seamos serios, responsables, maduros, a la hora de votar. No dejemos en manos de otros nuestro futuro, aportemos todos como sociedad a nuestro país. Demos al mundo ejemplo de civilidad y buen comportamiento, demostremos que en México creemos y ejercemos la democracia.
A votar se ha dicho.