Nos merecemos lo que tenemos

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Qué difícil es cuando la vida proporciona respuestas que aún sin pedirlas ni buscarlas, desnudan la flaqueza humana y los contenidos de frivolidad que se esconden como el más grande tesoro en le mente, el pensamiento y el corazón. Cuando se mira desde la óptica de la madurez la formación (utilizando la palabra correcta), de quienes se la viven pensando en que son merecedores de todo y se la pasan pidiendo, y a veces, a más de pedir, exigiendo lo que no son capaces, ni están dispuestos a dar jamás.
Se podrá alguna vez entender, para despertar al fin de esta inconsciencia monótona de solo nacer, caminar y morir, que la vida es un reflejo de las acciones que en ella realizamos? ¿Que si se desea amor hay que crear amor, porque no puedes dar lo que no tienes? ¿Que la felicidad y la sonrisa nacen del alma y que solo serán compartidas en la sinceridad con el alma de aquellos a quienes se los queramos dar? ¡Que la vida en algún momento de ella tan solo te dará de regreso exactamente aquello que tú fuiste capaz de darle demostrándote de esa manera que es tan solo el reflejo de ti mismo!
Porqué aceptar que otros moldeen la arcilla divina de tus sentimientos, de tus valores, de tu crecimiento personal y hasta de tus decisiones convirtiéndote en una mancha más de esa pared que es el más grande escaparate en donde se exhiben las conquistas del poder, en medio de luces que encandilan la razón y el pensamiento, cambiándola por la aceptación del vencido antes de atreverse a luchar por la demostración del ser.
Por qué no detenerse abruptamente y pensar en todas aquellas cosas que se poseen pero que se temen descubrir, por el temor a no saber qué hacer con ellas. Por qué no atreverse al fin a la interiorización en uno mismo que lo haga, mirar con seguridad, caminar con firmeza, decidir con inteligencia, defender con fiereza y convivir con humildad, amor y fe.
En el momento mismo en que se realiza el milagro de la vida, se pasa a ser parte del enorme rompecabezas universal que entre todos, de una manera exacta se debe armar, y en donde nadie está de más, ni de menos. Ninguno está tan solo de paseo, sino cada cual tiene una misión específica y es responsabilidad personal descubrirla y hacer lo que corresponda para llevarla de la mejor manera posible. No es el llanto, no es el grito, no es la obediencia ciega que te hace caminar por el puente que a diario hace caer al final, al océano existencial plagado de voraces tiburones.
La ley de la vida tú la haces y en todas las acciones se da el momento exacto, para demostrar aprendizaje y crecimiento que te lleve a ti, y al verdadero motivo de ti. No hay que cometer el error de compararse con alguien ni de vivir momentos que no te corresponden. ¡Eres humano y la humildad habrá de ser tu causa, el reconocimiento tu bandera, y la seguridad tu única opción para dibujarte y esculpirte eternamente!
“No importa cuántos errores cometas, siempre estarás por delante de aquellos que no lo intentan”, hermosa frase de Anthony Robbins que encaja perfectamente en las estructuras conformistas y en los pensamientos de derrota de aquellos que tan solo acumulan amargura, reproches, inconformidad y rencores que se dividen entre ellos y que hace que todos asientan con tristeza de que, nos merecemos lo que tenemos.

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