¡No me asesinen la fe!

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¡La alegre Navidad, esa fecha esperada por todos, disfrutada por muy pocos, mencionada en la esperanza de los pobres y punto de decepción y lágrimas en los cinturones de miseria que se dan hasta en los más altos estratos sociales! Navidad, tan solo un tiempo de frío y tristeza en un mundo donde no hay cambios; hogares donde hay juguetes y no hay amor ni sentimientos; niños ricos en amor pero sin dinero, ropa y alimentos.
Justicia divina que cambia renos por ferraris para aterrizar en mansiones en donde solo se respira y se vive de soledad. En cambio, basureros se convierten en el proveedor ideal que entre papeles, plástico, latas y cartón vomita algún juguete que será la alegría para alimentar la fe, los sueños, las ilusiones y las esperanzas de un niño que en su felicidad solo verá el maravilloso mundo de un verdadero hogar.
Se escuchan las melodías decembrinas que golpean fuertemente en la conciencia de este pueblo sufrido que tan solo se solaza escuchando a “Los Tigres del Norte”, con su Navidad de los pobres.
Dicen que Dios baja cuando llega Nochebuena, pero en la mesa del pobre se queda hasta que amanece. Dicen que a quitarnos penas, cuando llega Navidad, porque a Dios tengo a mi lado y aunque la casa es chica, las puertas las hice grandes para que entre quien quiera.
¡Ese ha sido el alimento del mexicano a través de los siglos, la fe, esa fe que ha sido burlada con promesas sin valor, estafada por maravillosos mundos en color de rosa, ahogada en los hedores putrefactos de quienes olvidan valor y moral para asesinar inocencia, credibilidad y confianza, y sepultada por un alud de seres que en su ponzoña, tras haber destruido su propio hogar, enfilan sus baterías de destrucción a quienes les permiten cobijo y pan y a quienes a cambio, tan solo les dan generosamente pan y circo.
Los colores de mi bandera lloran por la ausencia del coraje del águila maniatada por una víbora enredada entre las espinas de un nopal que clama por la explosión del fruto libertador de historia y de grandeza.
Ya no más mártires de barbas y a caballo que vienen recitando sus profecías mesiánicas y ante los que se tiene que agachar la cabeza y apretarse el área testicular por su origen divino. ¡Ya no más de lo mismo, por los mismos, para lo mismo!, ¿Nada nos dice la cruda letra de ésta canción?:
“Cuando desempaques tu regalo niño de lujosa vecindad, piensa en tantos niños que no saben lo que es la Navidad, piensa en el chamaco limpiabotas que su Nochebuena pasará, en una banqueta dura y fría del atrio de Catedral, Feliz Navidad en justicia y libertad, Feliz Navidad”.
¿Es tan solo una canción o el retumbar del eco de un grito desesperado que busca con ansia la puerta abierta de las conciencias para hermanarse con un abrazo y levantarse así, todos juntos, sin miedo, a la decisión de su presente para la construcción compartida y equilibrada de su futuro, sin que otros se lo proyecten, se lo dirijan y así se lo cobren?
Las necesidades de casa, se conocen, se trabajan y se resuelven en casa, por los de casa. Sin vendas en los ojos se mirarán mejor los caminos, para ya no seguir gritando al viento. ¡No me asesinen la fe!