Ni super ni diputado

25

Pero llega a ser entendible desde el marketing político. Su pregonar de una maquillada esperanza en mejorar alcanza el dañado ánimo del ciudadano a cambio de un solitario ‘me gusta’ en las redes sociales han permeado en la percepción de los votantes que tienen como bandera el hartazgo. La estrategia de anteponerse el sobrenombre de super, como una descripción denotativa de estar por encima de las funciones del resto, inclusive de su raquítica bancada y compañeros de partido que decidieron subordinarse a esta idea imaginaria, para venderse, sí, venderse al electorado como un producto con dones inigualables, termina reducido a un lucro electorero. Algo similar es la estrategia de publicidad del refresco de cola más vendido en el mundo, sus expertos publicitarios venden conceptos de familia, amigos, status quo, pero no dicen, no pregonan que su alto consumo daña los riñones.
Es la estrategia que decidió seguir el señor Fernández a través de las plataformas digitales manejadas desde la Ciudad de México. Que dicho sea de paso, las redes sociales dicen muchas verdades y un sin fin de mentiras. Está en su derecho de elegir lo que mejor le convenga a sus aspiraciones personales, económicas y políticas. Hasta aquí el por qué no es un “super” y sí un integrante más de la fauna política. ¿Ni diputado? Parece que no.
Lo que no está a criterio ni capricho del señor Fernández es el cumplimiento de la ley que obliga a los representantes populares a comportarse con respeto y con transparencia durante su encargo. No es ni será el último que aproveche, utilice o pisoteé la ventana del Congreso para promocionar su imagen. Se ha mal vendido a la gente la obligación y función de un legislador.
El Poder Legislativo debe ser un contrapeso del uso del poder, pero es desdeñado a una casa de gestoría para que cada quien lleve agua a su molino. Un diputado debe legislar (hacer o modificar leyes), fiscalizar el dinero del presupuesto y gestionar. No entiendo por qué la secretaria general del Congreso le ha permitido tener 16 faltas. En la Ley Orgánica del Poder Legislativo señala que tres faltas sin justificar de un legislador, será sustituido. El señor Fernández tiene ausencias en sesiones importantes como la discusión del presupuesto estatal y municipios, reformas a la Constitución, y las comparecencias entre otras. Si no va a las sesiones ¿A quién representa?
Bien haría en aclarar y transparentar el origen del dinero usado para pavimentar calles, el cambio de focos y las pipas de agua.
De acuerdo con una solicitud de información a la unidad de transparencia del Congreso, el gasto de gestoría (20 mil pesos mensuales) fue usado en totalidad, durante este tiempo, en la operatividad de una farmacia.
Pero como le escribí al principio de este texto, como la estrategia de publicidad del refresco más vendido, el panista tampoco dice el origen de estos recursos. Hasta aquí el por qué parece que no es diputado. El señor Fernández ha demostrado ser intolerante a la crítica periodística, al igual que la mayoría de la clase política. Con los insultos del señor Fernández a los comunicadores ahora resulta que los reporteros somos iguales a los políticos. Cada quien, pero ante todo, se debe poner la calidad de la persona, el señor Fernández se equivocó en su respuesta a los periodistas al denigrarlos sin el más mínimo respeto a su dignidad y profesión. Le guste o no, estas son las reglas del juego político al que él también pertenece. ¿O acaso ya olvido cómo llegó a ser regidor?
Lanzadas las cartas, nos leemos la próxima semana.