Mujer y conciencia

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Las gordas también…
Karla Sansores Montejo

Don Hermes, el papá de Beatriz Pinzón Solano (“Betty, la fea”), es el símbolo del machismo en una novela escrita por un hombre. Seguramente si el guión de la telenovela hubiera sido escrito por una mujer, sería un padre amoroso y acomedido con la esposa.
Y aunque la crítica del autor es al machismo, al mal trato que da a su mujer, es también una forma de normalizar esos pequeños actos de violencia que vive cada día doña Julia (mamá de Betty).
En primer lugar, doña Julia es la tradicional ama de casa latinoamericana, la que se queda en casa a cuidar del hogar sin percibir un solo peso por su trabajo; y aunque Nicolás Mora es un prototipo de hombre feo que puede llegar a ser un verdadero amigo, tiene igual unos momentos en los que ejerce poder sobre la pobre mujer
El papá y el mejor amigo de la protagonista pasan todo el día en casa, esperando a que doña Julia les sirva la comida. Les SIRVA la comida, como una forma de obligación femenina. Entonces, los alimentos que ha preparado reciben de ambos un elogio y posteriormente, el pero de la imperfección. O le falta la sal, o está crudo o está tibio o es mediocre. Al calificar la comida del personaje no está enviando un mensaje de que las mujeres jamás podremos complacer a los hombres.
Según Marcela Lagarde y de los Ríos, antropóloga y autora de “Las cárceles de la mujer: madresposas, monjas, putas y locas”, explica que uno de los cautiverios tiene mucho que ver con la “obediencia”, pues se cree que las mujeres han sido definidas así por su condición genética a ser sumisas. Esto lleva a una “significación metodológica” que “define los hechos de poder que socialmente traspasan las mujeres y permite evaluarlos en torno a la construcción de la autonomía”. Es decir, se cree que la mujer naturalmente debiera ser obediente y hacer los que se les manda, como parte de la extensión de la propiedad de alguien más. Sin embargo, el hecho de decidir traspasar los límites permite que ellas logren su autonomía.
Apenas el viernes que pasó, en un breve debate escolar, llegábamos a la conclusión de que las mujeres trabajan y perciben un salario sin conocer la importancia de tener un trabajo que nos remunere. (Valga la reiteración del término trabajo).
Es verdad que en México el salario hacia la mujer suele ser menos que el de sus colegas hombres, aunque realicen las mismas actividades, pero la fuerza trabajadora femenina es la que en verdad está moviendo las industrias. Es terrible que ellas mismas no puedan ser conscientes del valor de trabajar y recibir dinero. Y al no tener conciencia de ello, no se logra la verdadera autonomía o “empoderamiento femenino”.
Hay que tener conciencia del poder que se adquiere, solo así podemos decir que en verdad se ha logrado el empoderamiento económico y social femenino.
Lo mismo sucede en el hogar, no se trata de que se elimine la figura de la familia y el matrimonio sino que en esos entornos se logre vivir con equidad, igualdad, respeto y libertad.
Los matrimonios de la “era moderna” no pueden continuar con esos tintes de machismo, donde la obediencia sea un valor indispensable para ser consideradas “buenas mujeres”. Porque lo cortés es un valor del ser humano social y es en el matrimonio o en el noviazgo, donde se debe fincar como el principal de los valores dentro de una relación sentimental.