México consolidó su democracia y acabó con la sospecha del fraude electoral

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El domingo 1 de julio de 2018 fue quizá el día más esperado por millones de mexicanos en la historia de las contiendas electorales contemporáneas. Nunca como ahora, la necesidad de salir a votar se sentía en cada hogar y en cada familia, a lo largo y ancho del territorio nacional. Durante el proceso previo a la celebración de la jornada electoral, los ciudadanos hicieron sentir a la clase política en general, a esos políticos en los que confiaron una y varias veces durante muchos años, que ahora sí ya les habían colmado la paciencia y les harían pagar cara su irresponsabilidad en el desempeño de sus cargos. Las redes sociales fueron el conducto por el que la ciudadanía manifestó su hartazgo en contra de políticos del PRI y del PAN, principalmente, y vía el sufragio les hicieron pagar caro sus errores. Tan caro pagaron, que dichos partidos fueron arrasados junto a sus candidatos y pasaron a ser la tercera o cuarta fuerza electoral en varias entidades del país.
También, durante esta fiesta cívica que se celebra cada tres y cada seis años, la de este 1 de julio revestía un especial interés para los mexicanos debido a que entre los más de 3 mil 400 cargos de elección popular que había en disputa en todo el país, los casi 90 millones de ciudadanos con credencial del INE esperaban como nunca la oportunidad de elegir a un nuevo presidente de la República, para dar paso a una nueva etapa en el ejercicio del poder ejecutivo de la nación. Para muchos mexicanos parecía urgente ir a las urnas a depositar su voto para poner a otro en la silla presidencial y así lo hicieron sentir el pasado domingo 1 de julio donde el voto de castigo fue contundente en contra de los candidatos presidenciales del Revolucionario Institucional y de Acción Nacional, José Antonio Meade Kuribreña y Ricardo Anaya, respectivamente, quienes aún con sus coaliciones partidistas se quedaron muy lejos del candidato ganador, Andrés Manuel López Obrador, que encabezó la coalición “Juntos haremos historia” con su partido Movimiento de Regeneración Nacional, sumando al PT y al PES.
Pero más allá de lo que está reciente jornada electoral significaba en la vida y en la esperanza de muchos mexicanos y sus familias, ansiosos de elegir a un nuevo huésped en el Palacio Nacional por los próximos seis años, para la institución encargada de garantizar el respeto al sufragio ciudadano: el INE, era de vital importancia demostrar que el pesado lastre del fraude electoral que se le achacaba de anteriores procesos, como por ejemplo el de 2006 cuando resultó electo presidente de México el panista Felipe Calderón Hinojosa, no era más que un mito y una falacia inventada por el entonces candidato perdedor del PRD, Andrés Manuel López Obrador, quien en aquella elección y en protesta por el resultado en su contra desconoció a Calderón Hinojosa como presidente de la nación, mandó al diablo a las instituciones y se autoproclamó “presidente legítimo” en un acto frente a Palacio Nacional.
Así, con el peso de la acusación del fraude electoral que pesó desde ese entonces sobre las autoridades ciudadanas del INE y se replicó también para los institutos electorales en los estados, el domingo 1 de julio millones de ciudadanos desconfiados salieron a emitir su voto sospechando siempre si el sufragio que depositarían en las urnas sería validado legalmente o se le cambiaría el sentido de su voto por un candidato presidencial que no era la opción elegida. También este domingo de elecciones se respiraba temor de parte de muchos
ciudadanos que preveían estallaría la violencia en caso de que la jornada electoral no se llevara de manera transparente y el fraude en la conteo de los votos se hiciera presente.
Para regocijo de los mexicanos nada de lo anterior sucedió este 1 de julio y todo quedó en un mito que durante mucho tiempo puso en duda los procesos electorales pasados. Los votos de los millones de hombres, mujeres y jóvenes que participaron en la jornada electoral permanecieron inamovibles en la decisión marcada en las boletas. Tan quedó definido el sentido del voto de los ciudadanos que los candidatos que contendieron, en el caso específico y de mayor peso que fue el cargo de presidente de la República, reconocieron su derrota pocas horas después de cerradas las casillas en todo el país y legitimaron al ganador Andrés Manuel López Obrador, quien a partir del 1 de diciembre de 2018 y hasta el año 2024 será el nuevo presidente de México.
La civilidad política de José Antonio Meade Kuribreña, aunada a la de Ricardo Anaya y de Jaime Rodríguez Calderón, al reconocer el triunfo de AMLO como próximo Jefe del Ejecutivo Federal, rompieron para siempre con el mito del fraude electoral y consolidaron la democracia mexicana ante “los ojos” de las naciones del mundo. Reconocimiento que también se llevan las autoridades del INE y de los Institutos Electorales en los estados de la República.