Los vestigios del horror

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Actualmente son conocidos por cualquier persona medianamente informada los horrores que vivieron los internos en los campos de concentración levantados por los nazis durante el largo reinado del terror que significó su ascenso hasta su derrota en 1945 por las fuerzas aliadas, en particular el campo de Auschwitzs, de algún modo el más emblemático de hasta dónde puede llegar la maldad humana y la deshumanización de quienes de varias maneras participaron en semejantes actos de exterminio en masa. Dicho campo funcionó como centro de trabajos forzados y al mismo tiempo como campo de exterminio, en el que se estima un millón de personas perdió la vida, en su gran mayoría judíos pero también gitanos y opositores al régimen nazi de diversas nacionalidades.
Las fuerzas alemanas trataron de destruirlo ante el avance de los Aliados pero, afortunadamente, no pudieron hacerlo en su totalidad, de modo que existe un mudo pero muy elocuente testimonio de lo que sucedió en ese y otros campos de exterminio que la Alemania nazi construyó principalmente en Polonia, Checoslovaquia y otros países ocupados durante la segunda guerra mundial. Aún pueden apreciarse los restos de los hornos donde cremaron cientos de miles de cuerpos gaseados en las cámaras con el temible Ziclon B. Todo ello bajo el esquema de la Solución Final que, en un recuento grueso, ocasionó que seis millones de personas perdieran la vida solo por motivos de raza o religión.
Esto, que debe continuar horrorizándonos mientras el mundo sea mundo, esta horrible conducta humana que no debemos olvidar para no condenarnos a verla repetida, no fue de conocimiento generalizado, como uno supondría, a la derrota y ocupación de la Alemania nazi por parte de las fuerzas aliadas. Todos los archivos de Auschwitzs, porque los alemanes documentaban TODO casi obsesivamente, lo que permitió a la larga sacar a la luz el inmenso crimen, quedaron en poder de los norteamericanos. Sabido es que el general Einsenhower, comandante en jefe de las fuerzas aliadas en Europa, incluso llevó cámaras de filmación a los campos de exterminio para recoger gráficamente el testimonio del horror.
No obstante, en 1958, en la Alemania de posguerra había una tácita pero efectiva disposición a no hablar de los horrores del nazismo, a tender un grueso velo de olvido voluntario y por tanto de impunidad sobre los crímenes de lesa humanidad que cientos de miles de alemanes habían cometido. Un puñado de altos oficiales había sido juzgado en el tribunal de Nüremberg pero muchísimos otros de menor rango seguían con sus vidas como si nada hubiera pasado, como si no hubieran sido partícipes del horror.
Incluso los propios norteamericanos no se mostraban ya interesados en llevar ante la justicia a tantos criminales, su prioridad era la Guerra Fría; consideraban que no ganaban nada con ahondar en la búsqueda de criminales de guerra y querían a los alemanes occidentales como aliados en la pugna ideológica con los soviéticos. Ellos custodiaban 8 mil expedientes de ese tenebroso campo de exterminio y miles más de los miembros del Partido Nazi, entre mucha información que los alemanes documentaron con la ayuda de la IBM, la empresa de computación que no vaciló en amarrar contratos que supusieron facilitar el exterminio de millones de hombres, mujeres, niños y ancianos víctimas de la locura nazi.
Pero un puñado de alemanes decentes decidió levantar el velo de silencio y llevar a tribunales a los que colaboraron en los horrores, lo que a la postre desembocó en los juicios de Frankfurt, que logró la condena de 17 de 19 imputados a quienes se pudo probar su participación y culpabilidad en los horrores de Auschwitzs. Le recomiendo mucho la película La conspiración del silencio (en alemán, El laberinto de silencios), disponible en Apple Tv, que narra las dificultades para sacar a la luz este oscurísimo episodio de la historia alemana, que nunca, nunca, debemos olvidar si queremos conservar algo de decencia como especie humana.