Los grandes pillos salen libres en México y hasta exonerados

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Y sigue la mata dando en materia de impunidad en nuestro querido México. Los grandes pillos siguen saliendo libres y si se trata de pillos metidos a la política, hasta exonerados resultan por la “justicia”, por una “justicia ciega” que solo ve y juzga con todo el peso de la ley a “roba gansitos” y a quienes cometen delitos menores, los refunden en la cárcel para justificar que se está ejerciendo la ley. Hoy vemos, por ejemplo, como las autoridades en diversas partes del país persiguen a vendedores ambulantes para desalojarlos de las zonas céntricas urbanas, inclementes e implacables se apoyan en la policía local para despojar a personas humildes de los productos que venden en la calle (principalmente alimentos) y hasta se los llevan detenidos como si fueran los más peligrosos delincuentes.
La injusticia de la “justicia” en nuestro país sigue aplicándose con todo rigor en la gente más pobre y desprotegida, mientras que quienes roban y se enriquecen a manos llenas, delincuentes de cuello blanco, dirigentes sindicales y políticos, son prácticamente intocables y se les trata con todo comedimiento y les brindan todas las consideraciones que su influencia y riqueza mal habida les otorga. El colmo es que estos “distinguidos ladrones” son tratados con el mayor respeto del mundo, mientras que a las personas que se ganan la vida con gran esfuerzo y dedicación diaria y que sudan cada peso que trabajan para llevar pan y comida a la mesa de su casa, a ellos, si bien les va, se les brinda un trato que raya en la indiferencia cuando acuden a que alguna autoridad les solucione algún problema. Sí, la gente común y corriente, la mayoría de los mexicanos pues, nos enfrentamos a discriminaciones todos los días, ya sea por nuestro color de piel, por nuestra apariencia, por nuestra vestimenta o por no ser ostentosos en nuestra manera de ser. Como nos ven, nos tratan; y esto ha quedado muchas veces demostrado cuando, por ejemplo, en un restaurante acude uno con ropa de marca o traje y el personal se desvive en atendernos rápida y muy amablemente. Situación que cambia cuando va uno con un simple pantalón de mezclilla o playera barata, ya que hay que esperar a que alguien del personal del restaurante se digne a vernos y nos haga el gran favor de asignarnos una mesa, aparte de la espera que sigue para que un mesero tome la orden de los alimentos.
Esta misma discriminación descrita es la que impera en México para impartir la justicia, gracias a ese influencia que otorga el ser una persona adinerada o un nuevo rico cuya fortuna proviene de dinero mal habido, ya sea del ámbito empresarial o político pero que, sin embargo, le da a quien posee tal riqueza la “honorabilidad” necesaria para que sea tratado con toda consideración y respeto. Consideración y respeto que se le niega, sin embargo, a quien no es de tal alcurnia. No puede ser que en pleno siglo 21 sigamos inmersos en las “reglas” de una sociedad que todo lo mide de acuerdo con la riqueza personal que se posee, pero a la que no le interesa y no le importa de qué manera el personaje que ostenta tal riqueza obtuvo la fortuna que presume.
Muestra de lo anterior, fuimos testigos el pasado lunes 20 de agosto de 2018, cuando una exlíder magisterial presa cinco años por diversos delitos graves, presumió públicamente haber recuperado su libertad y se “vistió de víctima del poder político”. Y más aún, en el colmo del cinismo, la “impoluta” lideresa dio a conocer que su finada madre, una humilde maestra rural, le heredó una fortuna de casi 380 millones de pesos en diversas propiedades en México y en el extranjero, de los cuales casi 144 millones de pesos tiene en efectivo en bancos. De esta burda manera es como se “limpian” los dineros mal habidos en México y se les da honorabilidad a ladrones de tal calaña.
Lo peor de todo es que, en nuestro país, las leyes permiten que la ilegalidad se torne legal mediante “trucos legaloides” que llevan a cabo notables abogados de despachos carísimos, que llevan casos de políticos y empresarios pillos que gustan burlarse de la ley las veces que se les plazca sin el menor miedo o empacho a enfrentar sus actos. Finalmente, todo lo que hagan para enriquecerse ilícitamente será limpiado de toda culpa y tarde o temprano podrán gozar del “fruto de sus esfuerzos” y burlarse una vez más, con total impunidad, de las leyes que en México se aplican en un sistema de justicia que ya no sólo es “ciego”, sino también sordo y mudo, y que pareciera que actúa a complacencia del poder económico del “cliente” en turno. Vamos a ver qué puede hacer AMLO y su “cuarta transformación” para parar la impunidad que encubre a los grandes corruptos en México.