Los dos AMLOS

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Se acerca una elección presidencial definitoria para la vida de este país. La responsabilidad de los votantes es muy grande, tendremos en nuestras manos el futuro de México por varias generaciones. Al momento de escribir esta colaboración, todo hace indicar que tendremos cuatro opciones en la boleta. Sin embargo, de acuerdo a las encuestas, Andrés Manuel López Obrador va a la delantera con un porcentaje que permite a algunos de sus seguidores afirmar que estamos ya ante el nuevo presidente, y que la elección del primero de julio será simplemente mero trámite para ungirlo para los próximos seis años.
Sin entrar a juzgar, de momento, la certeza de estas afirmaciones, importa examinar sus posiciones, sus afirmaciones, sus ofrecimientos y, sin duda, el variopinto número de seguidores, unos más estridentes que otros, que corean sus postulados o bien los interpretan (“lo que el señor quiso decir…”) en supuesto beneficio del estimable.
Pareciera que pese a sus asesores de cabecera, de repente se manifiestan dos AMLOS, el Dr. Jekill y Mr. Hyde, de la famosa novela de Robert Louis Stevenson, en la que una persona se desdoblaba en dos completamente distintas, una de ellas un criminal capaz de cualquier atrocidad. Sin pretender llevar al extremo la comparación, resulta preocupante ver un López Obrador que lee un texto tranquilizante ante los banqueros pero que a la hora de las preguntas y respuestas muestra el cobre y dice algo diferente a lo que había afirmado minutos antes. ¿A quién creerle?
¿Le creemos al que mandó al diablo a las instituciones? ¿Al que llamó chachalaca al presidente? ¿Al que suspenderá la obra del nuevo aeropuerto de la ciudad de México no obstante la enorme inversión, pública y privada, que ya se ha realizado y al enorme costo de indemnizaciones que habría que pagar?
No solo eso, sus cercanos abierta y groseramente contradicen a otros de sus colaboradores que han tratado de tender puentes con distintos sectores de la sociedad para tranquilizar los ánimos, y recuerdan que en los congresos y resolutivos de Morena está claro que de llegar al poder echarán abajo todas “las pinches reformas neoliberales”.
Así vemos alianzas con la profesora Gordillo a través de sus parientes, en una paradoja que confirma el dicho aquel de que “la política hace extraños compañeros de cama”, pues la CNTE ha recibido guiños de parte de AMLO al escuchar que la reforma educativa, esa que acabó con la compraventa de plazas, con los privilegios de un puñado de aprovechados, que puso el piso parejo para que los que más rindan y enseñen mejor sean los más beneficiados económicamente, será abolida y sustituida por no sabemos qué pero que gozará de la aprobación de la CNTE, esa enemiga pública número uno de la educación de los niños mexicanos.
No se hable de la reforma energética, que pretende meter recursos donde el Estado no los tiene para aprovechar nuestro patrimonio energético. Dicho sea de paso, Lázaro Cárdenas, el prócer por excelencia de la expropiación petrolera, nunca canceló los contratos de riesgo. Lo hizo López Mateos hasta 1960, 22 años después de la gesta que este domingo se conmemoró.
Las reformas de este gobierno, apoyado por PAN y PRD al principio de la administración, han sentado las bases para la modernización del país. AMLO y sus huestes más ultras ven al pasado. AMLO lleva dentro un viejo priista que ni los priistas actuales. Es el nuevo Luis Echeverría 50 años después.
El país ya cambió, el mundo ya cambió, la nostalgia es muy peligrosa. Más aún las dos caras de un hombre que dice lo que cada auditorio espera oír pero que sigue siendo el mismo de siempre, el que quiere echar atrás la rueda de la historia y gobernar para un México que no existe ya. Al final, no es Dr. Jekill y Mr. Hyde, es el mismo que asume la máscara de la fiesta a la que asiste, pero el rostro es el mismo, el de la intolerancia, el de “si no estás conmigo, estás contra mí”, el de la antimodernidad. ¿Ese es el que queremos para presidente? Yo tampoco.